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sábado, 22 de diciembre de 2012

MUY FELIZ NAVIDAD



“En el portal de Belén
No podía faltar lo bueno
Había un toro, nadie sabe,
Si Veragua o si Miureño.

Para dar calor al Niño,
Cambió su mugido fiero
En un aliento cuajado
De flores de dulce heno.

Tornó sus roncos mugidos
En villancicos flamencos
Y se cortó las orejas
Para que juegue el Maestro.

Tan embolado está el toro
Al ver al lirio moreno,
Que ha invitado al dulce Niño
Que salga a jugar al ruedo.

Y a Jesús recién nacido,
Tanto le gusta el toreo
Que ha hecho poner al pesebre,
Grada, palco y burladero.

Y Jesús, tan inmortal,
Con un pañalito nuevo,
Corre su mano divina
Con naturales de ensueño.

Y esa noche hubo en el cielo
Un corridón de abolengo,
Con las santas de Manolas
Y santos de puntilleros.

Pero ¿quién llevó a ese toro
Esa noche de recuerdo?
Dicen unos que fue Herodes
Que había sido ganadero.

Dicen, más yo de mi parte
pienso, sí que es lo más cierto,
Que alguna estrella flamenca
Lo sacó de algún chiquero.

Para que se luzca el Niño
Envidia del mundo entero,
Y toreando al natural,
Como jamás lo vio el cielo. 

¡En el portal de Belén
Dando calor a un lucero
Hay un toro, que ante Dios
Se volvió manso cordero”.


jueves, 30 de agosto de 2012

27 años sin el Príncipe del Toreo

El 30 de agosto de 1985, el toro “Burlero”, de Marcos Núñez, partía el corazón al diestro madrileño José Cubero “Yiyo”. En ese instante, el que fuera conocido como “Príncipe del Toreo”, entró a formar parte de la leyenda de la tauromaquia. Así narró APLAUSOS la crónica de aquella tarde.
Yiyo entró en el cartel por la vía de la sustitución, ocupando la vacante dejada por Curro Romero. La terna la completaban Antoñete y José Luis Palomar con toros de Marcos Núñez. La crónica de aquel festejo la firmó José Antonio del Moral y decía sobre la actuación del torero del barrio madrileño de Canillejas: “Estuvo muy decidido y valiente en el tercer toro de la tarde, aguantando tarascadas de un toro que tuvo mucho genio. Los buenos aficionados le aplaudieron pero el resto de la plaza no le reconoció su meritoria labor”.
“El sexto de la tarde -prosigue-, “Burlero” de nombre, fue un animal bravo, noble y muy encastado que hizo una pelea positiva yendo siempre a más. Yiyo lo cuidó muy bien en los primeros tercios, incluso pidió los cambios del tercio a la presidencia. La faena de muleta fue larga y muy intensa. Desde luego, la mejor que yo le he visto a Yiyo en toda su vida. Yiyo quería demostrar a las puertas de Madrid que había sido una enorme injusticia dejarle fuera en muchísimos carteles de distintas ferias. Y desde luego consiguió en este toro que toda la plaza le prestara atención y que todos los aficionados se pusieran de acuerdo en aplaudirlo y jalearlo a lo largo de una faena que estuvo presidida por la entrega del torero al mismo tiempo que por su serenidad y temple”.
“Las series de muletazos sobre ambas manos fueron muy largas -continúa-, incluso llegó a dar cuatro redondos seguidos ligados al de pecho sin enmendarse ni un milímetro. Se rebozó de toro en los pases de pecho que daba con deleite codilleando a propósito para que resultaran más y más ceñidos. Pienso que se pasó de faena. Su mismo padre le hacía, desde el callejón, señas evidentes de que entrara a matar. Pero Yiyo, emborrachado de su propia obra, la prosiguió hasta que el toro no tenía ya más arrancada. Entró a matar y pinchó. Y volvió a matar dejando una estocada en todo lo alto, quedando el torero por los adentros. El toro se le arrancó y aunque Yiyo trató con la muleta de desviar la embestida certera del toro, no lo logró porque los toros en esas arrancadas finales de la muerte suelen embestir a ciegas”.
“Cayó Yiyo a la arena y giró cuatro veces sobre sí mismo tratando de que el toro no volviera a recogerlo. Pero el animal lo siguió alcanzándole de lleno en el costado y propinándole una cornada mortal que le partió el corazón instantáneamente. El toro levantó a Yiyo del suelo y la impresión que nos dio a algunos es que la cornada había sido gravísima. Inmediatamente observamos los gestos de estupor de sus banderilleros. Cuando lo llevaron por el callejón hacia la enfermería nos asomamos para ver su cara y el gesto del torero era absolutamente cadavérico. Los ojos abiertos y extraviados, y el color de la tez, amarillento. Aunque pensamos que iba muerto, no queríamos creerlo”.
La crónica de Del Moral seguía así: “Corrimos hacia la enfermería y al llegar al patio de caballos, vimos cómo salían del ruedo José Luis Palomar y Antoñete, destrozados y llorando. Antoñete, principalmente, salía completamente desmadejado. No cesaba de llorar. Esta situación en los propios toreros nos hizo pensar lo peor. Pero inmediatamente corrieron las voces de que Yiyo aún no había muerto, que tenía un hálito de vida y que aún era posible salvarlo. Todos los que estábamos allí nos agarrábamos a ese rumor como un clavo ardiente. Sin embargo, algunos de los presentes tenían ya la certeza de la muerte del torero”.

domingo, 8 de julio de 2012

Gerardo Diego: 25 Aniversario de la muerte del poeta de la Tauromaquia






Hoy se cumple el 25 aniversario de la muerte
del poeta Gerardo Diego
(Santander,Cantabria, 3 Octubre 1896 - Madrid, 8 Julio 1987)

"...Este santanderino sumo sacerdote de la belleza y la poesía "fue uno de los pocos poetas españoles capaz de articular un libro monográfico sobre la fiesta, La suerte o la muerte..."

"...De todos los grupos generacionales de artistas, literatos e intelectuales que han surgido a lo largo de la historia de nuestro país, la Generación del 27 es la promoción cultural que más se ha aproximado a la Tauromaquia y la que nos ha aportado un mayor número de obras inspiradas en el mundo del Toro.

La Generación del 27 contó con importantísimos poetas que se inspiraron en el toreo de manera frecuente: Federico García Lorca, Rafael Alberti o Miguel Hernández, por poner unos ejemplos; pero el más aficionado a los toros, el que más se prodigó en la temática y el único que no se limitó a escribir poemas sueltos y llegó publicar dos libros completos de poesía taurina fue Gerardo Diego..."

Fue admirador de los toreros de la Dinastía Bienvenida y en su obra quedó grabada la inspiración que de ellos le llegó. Ahí quedó la égloga a Antonio y el poema a Manolo

He aquí algunos de los fragmentos que Gerardo Diego en la Égloga a Antonio Bienvenida:

Paisaje al fondo, un cielo, un prado lila con cenefa de tejas de andanada; nubecillas borregas -ni una esquila- pastan la luz tardía, deshojada.

Tres golondrinas cruzan, vuelven, chirlan.

se alza allí una giralda, un minarete?

"No hay más Alah que Alah" gritan y birlan el espejismo en raudo molinete".

"Fija la tarde aquella y tantas otras luego de lidia florecida quedan en la memoria estrella a estrella constelando las noches de la vida.

La vida del torero y la vida del hondo aficionado, vuela la una con batir ligero, la otra reprime el curso sosegado".

La vida, se dice, da muchas vueltas y en ocasiones los libros imitan tanto vuelo.

La letra del torero es recia y muy segura; la letra del poeta llega hasta mí removiendo rescoldos.

Versos dedicados a Manolo Bienvenida:

Es más azul el cielo

para las golondrinas,

desde que juega al toro

Manolo Bienvenida.
Gerardo Diego.

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De todos los grupos generacionales de artistas, literatos e intelectuales que han surgido a lo largo de la historia de nuestro país, laGeneración del 27 es la promoción cultural que más se ha aproximado a la Tauromaquia y la que nos ha aportado un mayor número de obras inspiradas en el mundo del Toro.

La Generación del 27 contó con importantísimos poetas que se inspiraron en el toreo de manera frecuente: Federico García Lorca, Rafael Alberti o Miguel Hernández, por poner unos ejemplos; pero el más aficionado a los toros, el que más se prodigó en la temática y el único que no se limitó a escribir poemas sueltos y llegó publicar dos libros completos de poesía taurina fue Gerardo Diego.

Gerardo Diego Cendoya (1896-1987), natural de Santander

Aficionado a los toros desde su niñez, fue un precursor de sus compañeros de generación en lo que se refiere a componer poesía taurina, pues en 1926 ya había escrito los poemas “Torerillo en Triana” y “Elegía a Joselito”, mientras que ni Lorca ni Alberti habían abordado aún esa temática.
La pasión por los toros de Gerardo Diego se reflejó en dos libros completos de poesía taurina: “La suerte o la muerte - Poema del toreo” y “El Cordobés dilucidado”.

El primero de esos dos libros, “La suerte o la muerte - Poema del toreo”, es la obra cumbre de poesía taurina de Gerardo Diego. En él reúne composiciones fechadas entre 1926 y 1963 que están inspiradas en las grandes figuras de su época, en las variadas suertes de la lidia y en los distintos momentos de una corrida de toros, además de otros poemas referidos a distintos ámbitos del toro, por lo que se puede decir que conforma toda una tauromaquia completa.


El libro comienza con un “Bautizo y Brindis”, y continúa con unos poesías dedicadas al toro.

“Primavera del utrero”:

“Qué plenitud de dehesa.
Qué azul embriaguez de abril.
Y cómo el pitón progresa,
Garabato de candil.”

******
En una de ellas, “Invocación al toro”, Gerardo Diego le pide al Toro inspiración para terminar su poema, como si fuese una musa, y le rinde culto dándole el tratamiento de un Dios al que llama Padre y equipara con Zeus:

“Padre toro, desgarra en mil jirones
las banderas del aire y borbotones,
fulmina y tala, abrasa y carboniza,

revuelve paraísos con avernos,
y encuna este poema de ceniza
y de gloria en la rima de tus cuernos.”

******
A la hora de recrear los distintos momentos y suertes de la lidia, Gerardo Diego recurre a descripciones que parecen pensadas para personas que van a ir por primera vez a una plaza de toros.

“Verónicas gitanas”:

“Lenta, olorosa, redonda,
la flor de la maravilla
se abre cada vez más honda
y se encierra en su semilla.”

******

La “Media verónica”:

“Uno, dos, tres, siete lances,
columnas de un monumento.
No se deshaga en romances.
Que no se lo lleve el viento.
Falta la cúpula alta,
la rotonda que se exalta
sobre la teoría jónica.
Y la torera cintura
-flor de elegancia- clausura,
pura, la media verónica.”

“Suerte de varas”:

“Cruje el rey sus soberanos
huesos. Qué poderío.
Y el caballo alza sus manos
como tañendo el vacío.
Un minuto dura, eterno,
el alto pujar del cuerno
contra el pulso que se afianza.
Ni uno de los dos cediera
si el maestro no tendiera
la larga de la esperanza.”

“Naturales”:

“El toreo se hace hondo,
a un tiempo se abisma y vuela,
cuando va el toro redondo,
atado el cuerno a la tela.”

******
“Pase de pecho”:

“Entre un temporal deshecho
la gruesa nave embestía.
Al pasar por el estrecho
la plaza se estremecía.
Tú erguido, firme, derecho,
faro en tu roca vigía,
larga el brazo, álzale al techo,
rompa la espuma bravía.
Y allá va el pase de pecho.
Fue la noche y ya es el día.”

******
Y entre suertes y lances, Gerardo Diego incluye homenajes a figuras del toreo, tanto para elogiar su dimensión artística como para glosar su muerte.

La “Elegía a Joselito”:

“Un lienzo vuelto, una última voz –toro-,
un gesto esquivo, un golpe seco, un grito,
y un arroyo de sangre –arenas de oro-
que se lleva –ay, espuma- a Joselito.”

******
Un poema sobre “Las largas de Rafael el Gallo”:

“Con la larga cordobesa,
larga como una promesa,
tráete ya el toro a la cola
como al paje la princesa.”

******
Una “Oda a Belmonte”:

“Venid acá, oh incrédulos,
vedle cómo se afianza
sobre el talón izquierdo bien posado;
la acordada muñeca templa y tañe
a la lira que avanza
y humilla y tuerce y cruje y se comprime.
Mientras la mano diestra la esperanza
del claro acero esgrime.”

*****
O el “Adiós a Manolete”:

“La balanza equilibra
la suerte y muerte igual.
Islero a Manuel reta.
Manuel a su isla va.

Rodeados de sombra
de espesa inmensidad,
solos allá en su isla
se entrecruzan en paz.”

******
Siendo tan buen aficionado como era Gerardo Diego, no podía faltar un “Himno a los subalternos”:

“Gloria a vosotros, alfiles, jinetes,
gloria y honor. Que mi verso más clásico,
desde el toril al trotar de mulillas
corona os ciña solemne.”

Además, entre otros muchos momentos, el poeta también nos evoca el instante inminente a “El encierro”:

(Pamplona)

"¡Madre, los toros! El río
urge y aprieta sus ondas
de tumulto y vocerío
y espumas negras, redondas.
Se va haciendo embudo el lecho.
Hay que tragar el estrecho,
zancas largas, sanfermines.
Sopla el fuelle. Allá van blusas,
jirones, aspas, esclusas.
Y están tocando a maitines.”

Cierra el libro Gerardo Diego con el poema “Plaza vacía”, y su último verso...
¡Qué último verso!:

“la vida es sombra, y el toreo sueño.”


Francisco Javier Díez de Revenga, máximo especialista en la poesía de Gerardo Diego, dice de él que "fue uno de los pocos poetas españoles capaz de articular un libro monográfico sobre la fiesta, La suerte o la muerte, obra maestra tanto por su intenso contenido poético como por sus virtudes formales y estructurales, ya que todo el libro está concebido como un gran poema del toreo".

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Fallece Diego Puerta, un torero como pocos

http://deltoroalinfinito.blogspot.com/

FOTOGRAFIA AUTOGRAFIADA DEL TORERO DIEGO PUERTA. MARTIN. MADRID. (Otros Coleccionismos - Tauromaquia)

Fallece Diego Puerta, un torero como pocos

30 Noviembre 11 - Sevilla - Paco Delgado- La Razón.es
Termina noviembre, el mes del luto, con una noticia no por esperada menos triste: Diego Puerta ha muerto. En la madrugada del día 30 fallecía en Sevilla, a los 71 años de edad y tras un fallo multiorgánico, el que fuera matador de toros y ganadero Diego Puerta, que arrastraba desde hacía varios años una grave enfermedad.
Diego Puerta Dianez nació en Sevilla el 28 de mayo de 1941, debutando en Aracena el 16 de septiembre de 1955. Se presentó en la Real Maestranza de Sevilla en 1957 y en Las Ventas lo hizo en 1958. En ese mismo año, el 29 de septiembre, tomó la alternativa en Sevilla, teniendo como padrino a Luis Miguel Dominguín y a Gregorio Sánchez como testigo y toros de Arellano. Alternativa que confirmó el 20 de mayo de 1960, siendo su padrino Manolo González y Chamaco el testigo. Entre 1960 y 1974, año en que se retiró, mató más de 3.000 toros.
Es, sin duda, uno de los grandes símbolos del toreo de los años sesenta del pasado siglo, una época dorada de la tauromaquia, con un par de docenas de diestros extraordinarios y un toro todavía encastado, repetidor y sin los kilos que enmascaran la falta de raza. Y entre tanto nombre de relumbrón, una terna quedó para el recuerdo y en la memoria colectiva: Puerta, Camino y El Viti. Por algo sería. Y hablamos de los tiempos de El Cordobés, Mondeño, El Pireo, Palomo, Curro Romero, Antonio Bienvenida, Gregorio Sánchez, Antoñete, Ordóñez, Chamaco...
La trayectoria torera de Diego Puerta está plagada de hechos insólitos y actuaciones heróicas. La historia de sus 1.148 paseíllos vestido de luces constituye la historia de una verdadera epopeya, narrada con mano maestra por Antonio Díaz Cañabate. Una de esas tantas tardes que por sí solas bastarían para entronizarle en el olimpo torero fue la del 30 de abril de 1960, anunciado con su primera corrida de Miura en Sevilla. Cómo sería aquella actuación en el quinto de la tarde, que cuando, desvanecido, llegó a la Enfermería el equipo médico de la Maestranza le recibió con una ovación cerrada. No se recuerda caso así.
"Hace tres horas - escribió Cañabete en ABC - que terminó esta corrida de otros tiempos. Aún estoy vibrando de una emoción que si desconocida por la mayoría de los espectadores que la sintieron en la plaza, para mí era un reverdecer de la que sentí en mi juventud. Cuando había toros de seiscientos kilos fieros y poderosos y toreros valientes como Diego Puerta, que no se impresionaban ante el poderío y la fiereza".
Representante y estandarte de la torería sevillana -su ciudad puso su nombre a una de sus calles-, a lo largo de su carrera, en la que se consolidó como una de las principales figuras de su tiempo, dejando el sello de torero tan artista como valiente -se le llamó Diego Valor- sufrió más de 50 cornadas, cuatro de ellas graves: el 21 de abril de 1963 en Barcelona; en 1972, una en Jerez de la Frontera y otra en Zaragoza y la última en 1974, también en Zaragoza, tres días antes de cortarse la coleta.
Tras su retirada se dedicó a la ganadería que había formado al poco de tomar la alternativa y durante varios años fue también empresario de la plaza de toros de Castellón.
Sirva su recuerdo de acicate y estímulo para las nuevas generaciones toreras y de bálsamo y gozo para quienes durante mucho tiempo disfrutaron de su arte, coraje, profesionalidad y valor. Fue, sin duda, un torero como pocos.
Diego con el toro "Escobero" de Miura / Sevilla 1970
A Diego Puerta le llevaron las dos orejas del miura la enfermería...

lunes, 17 de octubre de 2011

Homenaje a J.J Padilla: Las lágrimas del toreo

Las lágrimas del toreo / Pérez Alarcón, vía http://deltoroalinfinito.blogspot.com

El banderillero Jaime Padilla, hermano de Juan José
Las lágrimas del toreo ´
Han pasado algunos dias del lamentable infortunio de un torero que independientemente de sus cualidades artístocas, que puede ser valorado de muchas clases y gustos, ha demostrado, aún más que antes, que es todo pundonor, y responsable como pocos de su profesioalidad. Es verdad, como muchos han opinado, que los actos heroicos de Juan José Padilla se han enriquecido con este infortunio, y designios del destino, la historia de la Tauromaquia le otorgara más valor a esta situación que a la trayectoria profesional de Padilla, digna de tener en cuenta por cualquier aficionado.
Pero este hecho nos tiene que dar a pensar que el valor y la muerte en el mundo del toro estan muy relacionados, y desgracias e infortunios como este acreditan este sentimiento. Lo teníamos olvidado, y detrás de todo ello, los aficionados hemos apreciado que las lagrimas de Miguel Abellan, tras ver herido , y sin noticias sobre su estado, el valor de reponerse con la serenidad suficiente para lidiar y matar a un toro, y detras de todo eso se esconden muchos enígmas sobre la pasta de los toreros.
Esas lagrimas de Abellan incrementan el patrimonio sentimental de los toreros, y los ipuede igualar al que pueden tener cualquier ser humano en otras situaciones catastróficas, pero siempre con un valor y gallardía torera que los diferencia de los demás.
Otra imagen sentimental son las lagrimas del hermano de Juan José, el profesional Jaime, que tras el brindis de su matador, entre lagrimas, se prepara para la lidia de un toro, y con el calor frio de unos espectadores que se estremecen por tan insólita imagen, y con sus sentimientos y alma puestos en el hospital de Zaragoza.
Esas lagrimas han dado al aficionado una visión más humanizadora del mundo de los toros, y quizás no hayan tenido la repercusión mediatica necesaria, como las imagenes propías del infortunio. Error mediático por ello.
Me gustaria que los aficionados nos quedaramos con la imagen de esas lagrimas, y con ese sentimiento,tan directo, tan íntimo y cercano, que nos debe reflexionar sobre la importancia de este espectáculo al que algunos tachan, sin saber el grado de ignorancia que ello conlleva, de cruel y salvaje. Si fuera lo último las lagrimas vertidas dias pasados no se hubieran producido, y los sentimientos y deseos del torero herido (“preparame dos toros para entrenar”), no se hubieran producido. Esas son las diferencias entre los que estan a favor y en contra de la fiesta, y por ello, las lagrimas del toreo son muy distintas de las lagrimas de los común de los mortales, exentas del valor y sacrificio suficientes algunas veces para expresar lo que deseamos. Yo por supuesto me quedo con las lagrimas del toreo.

jueves, 18 de agosto de 2011

Bienvenida a Benedicto XVI: Padre Nuestro torero


Foto:http://valverdedelcamino.wordpress.com


Padre Nuestro, que estás en los ruedos,
bien rezado sea Tu nombre;
venga a nosotros Tu quite...
Hágase mi voluntad, no la del toro,
así en el triunfo como en el miedo.
La suerte nuestra de cada día, dánosla hoy.
No nos dejes caer en las malas tardes
y líbranos de daño. Amén.

Rafael Herrero Mingorance


sábado, 13 de agosto de 2011

Julio Robles, siempre en el recuerdo.

http://deltoroalinfinito.blogspot.com


Foto: Julio Robles en la Feria de Almería (1987). Foto Archivo

Julio Robles, siempre en el recuerdo.

Sábado, 13/08/2011
Hoy se cumplen veintiun años del lamentable percance sufrido por el Maestro Julio Robles en la plaza francesa de Beziers, y que terminó con su carrera y a la postre con su vida, pues desde el percance quedó postrado en una silla de ruedas, y rodeado de sus amigos.

El toro de nombre “Timador” de la ganadería de Cayetano Muñoz y marcado con el número 123, volteó al diestro durante el saludo de capote.Robles cayó al albero sobre la nuca, quedando completamente inmóvil. En ese momento comenzaba el calvario particular de Julio Robles. El parte médico decía:
“Tetraplejia incompleta de los miembros superiores e inferiores por lesión de la parte baja del raquis cervical”.
Al final todos sabemos lo que pasó.....
Por eso, este modesto blog recuerda a Julio Robles, que siempre estará en la mente de los aficionados a los toros.
Julio Robles

Blog: Y digo yo que...
Enlaces relacionado:

Julio Robles, en el recuerdo

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