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domingo, 7 de octubre de 2012

ANTONIO BIENVENIDA.- PASARON 37 AÑOS: “Puerta Verde bajo el sol, en una tarde maldita”


http://deltoroalinfinito.blogspot.com.es/



“Puerta Verde bajo el sol, en una tarde maldita” ¿POR QUÉ NO ME HABÉIS HECHO EL QUITE? (Antonio Bienvenida) José María Sánchez Martínez-Rivero. Octubre de 2012, en El Escorial. - ¡Déjala ya!, Miguel, después de otro capotazo, puerta. Toreaba su sobrino Miguel, al que el maestro quería ver, en la plaza de tienta de la finca Puerta Verde, situada en El Escorial, propiedad de la ganadera y amiga Amelia Pérez-Tabernero Montalvo. Abierta la puerta que da al campo, una vez que salió la becerra toreada, otra, de nombre “Conocida” se quedó fija sobre la figura del maestro y, embistiéndole por detrás, le dio una voltereta ocasionándole lesiones que, días más tarde, le causarían la muerte. Tendido en la arena preguntó: - ¿Por qué no me habéis hecho el quite? - Antonio, no la hemos visto, ha venido rapidísima, respondió Ángel Luís, su hermano. - No moverme y llevarme al hospital. Intuía que podría tener lesiones cervicales graves, por eso pedía que no le movieran. La caída era para desnucar. Llegaron las asistencias y fue trasladado a Madrid al Hospital de La Paz. Trascurrieron lentas las horas en aquella tarde del 4 de octubre de 1975. En los campos de El Escorial se había producido la tragedia que nadie imaginaba siendo aquella una fiesta familiar. La plaza de tienta de la finca Puerta Verde es bonita y de estilo sobrio. Posee todos los servicios necesarios para la tienta y faenas camperas. Su ruedo puede medir, aproximadamente, 15 o 20 metros de diámetro. Los burladeros están soportados sobre tres estrechos pilares de hierro que llegan hasta el tejadillo que los cubre. Tiene aberturas, a la altura de los ojos, para ver el ruedo. El palco es sencillo pero cómodo. A su derecha hay bancadas para los invitados. En esta placita, que le gustaba tanto, sin olor de multitudes, sin estar frente al toro, en silencio se fue para siempre Antonio Bienvenida. Terminaron así 829 corridas de toros y 1628 reses estoqueadas. De ellas 106 actuaciones en la plaza de Las Ventas y 55 en la monumental de Barcelona. Que clase de torero era el maestro Bienvenida que, en pleno auge como figura del toreo, el Monstruo de Córdoba opinó así de él, en conversación con Pepe, su hermano: “¡Que torero he visto, Pepe!, te voy a decir que si a ese toro del Conde, lo toreamos con la muleta todos los que dicen que toreamos bien, pero todos los de ahora y los de antes y, después, coge la muleta tu hermano Antonio, nos echa a todos al estribo. La ventaja que tenemos los demás frente a él es que durará en esto veinticinco años, y como así no se puede torear todas las tardes cuajará en todo ese tiempo, cuatro o cinco toros como el que le he visto en Bilbao”. No se equivocó Manolete, duró en el toreo 29 años. En este tiempo los triunfos fueron incontables en España y América. De la misma manera, Antonio Bienvenida era admirador del Califa de Córdoba. En una ocasión, alguien, se permitió criticar al cordobés diciendo que Manolete llevaba la faena en la maleta; el maestro, con algo de malestar por la crítica, contestó a su interlocutor: “Ojalá los demás fuéramos capaces de inventar una que gustase tanto, meterla en nuestra maleta, sacarla todas las tardes y estar lo bien de verdad que él está con tantos toros distintos. Perdona, añadió, pero los que no os ponéis delante de los toros no tenéis ni idea del mérito de Manolete”. Colaboraba en corridas benéficas y en festivales cuando se lo pedían. Por sus grandes valores humanos le fue concedida en 1956 la Gran Cruz de Caballero de Beneficencia. Fue Presidente del Montepío de Toreros del que tenía la Medalla de Oro. Estaba en posesión de la Medalla del Mérito Civil y de la del Mérito Taurino. La capilla ardiente fue instalada en la casa familiar en la calle del General Mola, número 3. Presidía la misma el Cristo del Gran Poder, que hoy se encuentra en la capilla de la plaza de toros de Las Ventas. Las muestras de dolor de aficionados y amigos fueron incontables. El entierro, verdadera manifestación de duelo popular, quedará en la memoria de los aficionados. El féretro, que iba cubierto por un capote grana y oro –el color de los valientes-, fue paseado por el ruedo de las Ventas dando su última vuelta al anillo. Hoy 7 de octubre se cumplen 37 años de su muerte y parece que fue ayer. La sonrisa, el gesto del pulgar e índice unidos cuando daba la vuelta al ruedo en triunfo, ya no se volverán a repetir, pero quedaran en el recuerdo de quienes le vieron.




El poeta P. Prius ha escrito para este aniversario: 


Como una estatua de mármol, 
aguanta estoico en la plaza, 
cada pase es una muestra, 
de arte, de rojo y grana. 


Suena un toque de aviso, 
y sin prisa él remata, 
una faena maestra, 
de arte, de rojo y grana. 


Amarillo en el albero, 
y peinetas en las gradas, 
y en medio de la plaza, 
Bienvenida con su espada. 



martes, 25 de septiembre de 2012

EN EL XXVIII ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DE FRANCISCO RIVERA "PAQUIRRI":SU BRINDIS POR ESPAÑA




"Por la unidad de la Patria, por la paz de España, por la que ofrecería a gusto, si fuese necesario, la vida por ella"


Por LFU en Blog "ARRIBA" -http://www.arriba-lfu.com/
25 Septbre. 2009

Mañana sábado hará veinticinco años que un toro de Sayalero y Bandrés de nombre «Avispado» le arrancó trágicamente la vida a un torero poderoso y de raza que ocupa ya un lugar de honor en el escalafón de la historia de nuestra fiesta.
Recuerdo, de pequeño, aquellos carteles tan repetidos de Paquirri, Manzanares y Capea en la feria de Málaga y la imagen que tengo de Francisco Rivera es la de la fortaleza, el dominio y la honestidad.
Recuerdo la consternación que me causó su muerte, no sólo por sus caracteres de tragedia, sino por el dolor que adiviné en mi padre y en mi hermano José Antonio, que tantas tardes le había acompañado por las plazas de toda España y sentía por él una sincera amistad.
Hoy, cuando su vida y su muerte se recuerda por los cuervos rebuscando en el morbo de su intimidad, yo quiero rendirle mi modesto tributo reproduciendo a continuación el artículo que mi padre, José Utrera Molina escribió una tarde de julio de 1978 bajo la emoción de un gesto noble, valiente de todo un torero y un caballero español. LFU
"Brindar por España"
José Utrera Molina (El Alcazar 22 de Julio de 1978)
Creo, y lo proclamo con el dolor que siento, que no puede existir una amargura más lacerante ni una angustia más profunda que la de contemplar, cercana e irreparable, la pérdida de la sagrada unidad de España, la ruptura de su ser nacional, la vergonzosa aniquilación de su integridad, la mutilación próxima de su cuerpo físico y hasta, incluso, el secuestro de su alma metafísica.
Pues bien, el espectáculo bochornoso de esta entrega increíble, la sonoridad culpable de tantos silencios, la falta significativa de palabras de compromiso, tuvo el jueves una notable excepción.
Una excepción que, lejos de ser una anécdota, adquiere valor de verdadera y esencial categoría.Desde la plaza de toros de Barcelona, un torero español, Francisco Rivera «Paquirri», tuvo el coraje, el valor y la gallardía de brindar, ante los micrófonos de radiotelevisión española, y, por lo tanto, ante millones de espectadores, por la unidad de la Patria, por la paz de España y afirmar, a continuación, que él ofrecería a gusto, si fuese necesario, la vida por ella.
Resulta estremecedor este bello gesto, limpio y antirretórico, del diestro de Barbate y contrastan sus palabras, pronunciadas con firmeza, con lentitud y sin cautela, sin timidez, pero también sin orgullo y, sobre todo, sin asomo de flamenquismo, con la jerga desvergonzada, con los términos ambivalentes, con las expresiones equívocas que hoy se alzan en la vida de España con la amenaza de liquidar para siempre cualquier asomo de dignidad y de hombría.
No sé si «Paquirri» habrá dado en la arena una lección de arte taurino. Tal vez sus verónicas no tuvieron el temple de otras veces y sus manos no estuvieron bajas y seguras del todo, posiblemente ese natural de frente, abierto al compás, no haya estado engarzado esta vez con un pase de pecho largo, profundo y definitivo, quizás no cuadrara del todo, ante la arisca y descompuesta cabeza del toro, a la hora de clavar sus reiletes, pero lo que nadie puede negar es que, desde el centro del ruedo de España, un torero andaluz, que no es de derechas ni de izquierdas, sino, simplemente, español, escribió una lección de valor y de patriotismo espléndida y bella, una lección de dignidad, que contrasta con tantos envilecimientos, una lección de valor a los que tienen ya, incluso, miedo a la esperanza.
Decía Ortega y Gasset que sólo dos cosas pueden realizarse con garbo: la historia y el toreo. La historia hoy se hace sin gloria, con mediocridad y con miedo y, tal vez, un torero, en Barcelona, haya hecho, con garbo, la historia que otros están manchando sin compostura y sin honor.
JOSÉ UTRERA MOLINA(«El Alcázar», 22 de julio de 1978).

lunes, 27 de agosto de 2012

MANOLETE, 65 AÑOS DE LA COGIDA MORTAL EN LINARES.






José María Sánchez Martínez-Rivero

Este 28 de agosto de 2012 se cumplen 65 años de la mortal cogida del diestro Manuel Rodríguez, “Manolete” en la plaza de Linares.

Conviene, dado que ha transcurrido mucho tiempo, recordar a los aficionados, jóvenes y menos jóvenes lo que ocurrió el 28 de agosto de 1947, de la mano de los testigos que estaban aquél día en la plaza de Linares, miembros del entorno del diestro de Córdoba a saber: el apoderado de Manolete, don José Flores, Camará; el banderillero Pinturas; su primo, Cantimplas tercero de la cuadrilla y otros.

Estos testimonios fueron recogidos a las pocas horas de la tragedia por el gran periodista, amigo íntimo de Manolete, José Luís de Córdoba. Nos narran la impresión y el dolor que supuso para ellos la pérdida de aquél gran torero que fue Manuel Rodríguez Sánchez.

Don José Flores, comentaba que el toro no le gustaba y que era muy peligroso – lo había visto bien - y nos dice:

“El toro era muy peligroso, por eso cuando Manolo se acercó a mí, al coger estoque y muleta, para preguntarme como veía yo al de Miura, le aconsejé: “El toro no es bueno. Échale la muleta abajo y procura dominarlo. Aquélla faena que le hizo Manolo no era, ni muchos menos, la que el marrajo merecía.”

La frase: “Échale la muleta abajo” era la contraseña que tenían pactada cuando un toro no le gustaba al apoderado y la pronunciaba para que el Monstruo abreviara y matara al toro rápidamente. No siempre Manolete seguía el consejo y sacaba faena a toros que, en principio, no la tenían.

Camará comenta que se encontraba lejos del lugar donde ocurrió la cogida y que siguió la faena con emoción e inquietud, pues, creyó que en cada pase iba a coger el toro a Manolete.

“Por fin, cuando le vi montar el estoque, respiré tranquilo. ¡Si Dios le había salvado hasta aquél momento, también le ayudaría en la suerte suprema! Pero no fue así, por desgracia.”

Don José Flores se dio perfectamente cuenta de la gravedad de la cornada. Relata: “Salté la barrera y corrí hacia el lugar de la cogida. Todavía en la enfermería, yo no quería creer que la herida fuese mortal”.

Camará acompañó a Manolete hasta el último momento y narra las últimas impresiones del torero herido. “Él no perdió el conocimiento hasta minutos antes de morir. Me dijo que le había impresionado mucho la cogida y que por tratarse de un pueblo estaba más inquieto que otras veces. Yo traté siempre de tranquilizarlo. Pero en el curso de la madrugada, ni una vez pronunció la palabra “¡Me muero!”. ¡Acabamos de perder al mejor torero de todos los tiempos!, manifestó.

Antonio Labrador, Pinturas, banderillero de Manolete desde 1942, es de la misma opinión que Camará, el toro Islero tenía mucho peligro. Trató de ayudar, durante la faena a su matador, pero éste, enérgico, le echó para atrás.

Nos dice como vio entrar a matar a Manolete:

“El maestro entró a matar despacio. El toro echó la cara arriba y sobrevino la cogida. Corrí a hacer el quite y observé, extrañado, que Manolete se quejaba, cosa que nunca había hecho. Esto me impresionó vivamente y me hizo formar una idea de la gravedad del percance”.

Dice que no habló con Manolete en la enfermería pero que lo oyó decir:

“¡Madre mía!, ¡Dios mío!, ¿Pero el toro habrá muerto de la estocada? ¡Y me habrán dado la oreja!

“Sí, -le dijo Carnicerito de Málaga-, las dos y el rabo.”

“¡Aquello no es posible borrarlo!”, dice Pinturas.

Con una impresionante cornada, que le costaría la vida, lleno de pundonor, todavía preguntaba por el resultado de su faena al toro Islero.

Gabriel González, era otro de los banderilleros de Manolete – había sustituido en la cuadrilla a Alfredo David -, dice que él estaba en el burladero atento a la faena de Manolete. Desde los primeros momentos vio el peligro que corría el matador. Al ocurrir la cogida acudió de los primeros al quite. Oyó quejarse a Manolete. Él fue quien se encargó de salirse para afuera con el toro mientras retiraban a Manolete del ruedo las asistencias.

Primo hermano de Manolete, Rafael Saco, Cantimplas, el banderillero más antiguo de la cuadrilla, relata así los momentos dramáticos de la cogida:

“Fuera de la barrera estaba yo, en terrenos de chiqueros, siguiendo el trasteo de muleta con tanto interés como impaciencia. El toro era manso, echaba la cara arriba y abajo y en cada pase veía cogido a mi matador. Después de la cogida yo fue el primero que entró al quite. Cogí a Manolete en brazos, y ayudado por no sé quien o quienes – más tarde se comprobó que entro otros estaba Guillermo el mozo de espadas -, lo llevamos a la enfermería. Me salí después. Era tan tremenda la herida que me dio miedo.”

En la madrugada Cantimplas habló con su primo, después de operado: “Se lamentaba de su mala suerte. Se acordaba mucho de su madre. ¡Que disgusto le voy a dar a mi madre cuando se entere de esto!, decía. Pedía constantemente hielo y agua. Y un cigarrillo también me pidió. Se lo encendí. Le dio tres chupadas con pulso tembloroso. Le aconsejé que no siguiera fumando, que los doctores habían dicho que podía serle perjudicial. Me entregó el cigarrillo. Yo salí fuera de la habitación. ¡Pobre Manuel!

Bernardo Muñoz, Carnicerito de Málaga, igualmente vio el peligro que el toro de Miura tenía. Siguió la faena con la natural impaciencia para que Manolete se quitara de en medio aquél “pajarraco” lo antes posible. Relata: “Yo le alargué por dos veces el estoque de matar, las mismas que él me rechazó, enérgico. Por fin, a la tercera vez aceptó y se perfiló de una manera que hizo presentir la desgracia. A aquél toro no se le podía entrar a volapié neto.”

Carnicerito fue el que le cortó las dos orejas y el rabo concedidas al matador. Posteriormente entró en la enfermería. “Ya le habían taponado la herida. Me preguntó: ¿Ha sido muy grande la cornada, Bernardo?, Yo evadí la respuesta. Entonces me dijo:”¿Me han dado la oreja?” Las dos y el rabo, Manolo – le respondí -. Y me retiré del lecho, llorando de emoción.”

El picador de Manolete Barajas, más conocido por Pimpi, estuvo hasta el último momento al lado del Monstruo. Declaró: “Estuve a su lado hasta que expiró. No me separé de su lado un solo instante. Las cinco transfusiones de sangre las soportó con todos sus sentidos. Se quejaba, eso sí. Y me decía: “Pimpi no te vayas. Dios te pagará cuanto haces por mí”. ¡Una tragedia! Yo, la verdad, en un principio no creí que la cornada pudiera costar la vida a nuestro gran torero.”

Guillermo, uno de los dos mozos de espadas de Manolete, amigo íntimo de él, fue uno de los más afectados por la tragedia, tanto es así, que nunca más, después de lo de Linares, presenció una corrida de toros. Acudía con regularidad a la tumba de Manolete a rezar. De aquella tarde, nos dice: “A unos metros de Manolo, entre barreras, estaba yo. Perfecta cuenta me di del peligro que corría el torero. Al Pelu (Cantimplas) y a Pinturas les dije, varias veces, que anduvieran con cuidado. Y Manolo cuando montó el estoque, no pude contener un grito. Fue éste: “Aligera y con el brazo por delante”. Manolo quiso hacer la suerte con toda honradez y sobrevino el percance. Fui el primero en llegar a recoger al torero. Creo que con Camará, Sevillano y algún otro le llevamos a la enfermería. Yo no pude, no quise entrar. Me atenazaba la congoja. Y preferí no verlo -¡hasta verlo muerto!-, a dar un mal rato a quien tanto quise... No tuve valor para soportar tan cruel momento.”

Guillermo conservó el pantalón que aquél día llevaba, manchado totalmente el lado derecho de la sangre de Manolete. El autor de este artículo lo ha visto 62 años más tarde de la tragedia.

Por último, Chimo, mozo de estoques de Manolete, cierra la relación de los principales testigos de la tragedia. “A mí, no me pilló de sorpresa la cogida. El toro estaba fuera del tercio, y Manolo le entró a matar en la suerte contraria. Le dije dos veces que no entrara a matar en ese terreno; pero la fatalidad vino a hacer el percance inevitable.” Conversó con Manolete en la enfermería y le dijo: “Me veo más enfermo que me he visto nunca. Chimito, avisa a tu amigo. Mi amigo era el doctor Jiménez Guinea.”

La llegada del doctor Jiménez Guinea, la posterior consulta de médicos y el desenlace final son harto conocidos.

Una vez más se cumplió el vaticinio que el banderillero Alfredo David, en varias ocasiones manifestó: “De pasarle algún percance grave a Manolete, será a la hora de matar”.

lunes, 14 de mayo de 2012

Los espontáneos...

Año de 1929



Muchos saltaron al ruedo y ahí quedó la aventura, pero para otros fue el principio de su profesión de matador de toros y, entre ellos, el caso más sobresaliente: el de Manuel Benítez “El Cordobés”.

¡Aquellos espontáneos!

Por Fermín González, comentarista Onda Cero Radio Salamanca

Las escuelas taurinas, que tanto se han prodigado en los últimos años, vinieron a terminar con aquellas frecuentes intervenciones en las corridas de toros de los “espontáneos” y por consiguiente de los “maletillas”.

¡Eran otros tiempos! en los cuales en el animo de cuantos muchachos soñaron con ser toreros, donde vibraba tal espíritu de aventura, tan capaces de realizar grandes hazañas, que el riesgo, lejos de ser un freno, era un incentivo. ¡Aquellos espontáneos!, cuanto leyeron y cuanto soñaron, están más en la línea de los lidiadores que se forjaron en capeas, enfrentándose con toros duros y poderosos, o saltando por las vallas de los cerrados, para dar lances a un toro bravo a la luz de la luna.

Bien están, y bienvenidas sean las escuelas de hoy, como medio de proporcionar a tantos jóvenes ilusionados con riqueza y fama los conocimientos indispensables para que su presencia en los ruedos, no sea de angustia e indefensión. - Pero no puedo olvidar al "espontáneo”-, a su gesto audaz e indisciplinado, que se sentía con los arrestos necesarios para buscar el renombre dando un salto desde el tendido a la arena, mientras desplegaba atropelladamente la muletilla que llevaba escondida.

Más de una vez se censuró esta aparición de los “espontáneos” en los ruedos y no por el gesto en sí, que, al fin y al cabo, todo lo que supone decisión y gallardía suscita admiración, sino porque aparte de ese primer acto de valor, lo demás era puro barullo e ineficacia, donde todos los subalternos intentaban sujetar al mozo y este los regateaba para ir en busca de la res y poder dar esos pases entre el griterío de la plaza, mezcla de emoción y tragedia, que no pocas veces ocurrió. No podemos ocultar, la simpatía difusa que el aguerrido torerillo despertaba cuando vencido, corría a ponerse de rodillas ante la presidencia para solicitar su perdón. Tal estampa taurina no volverá a repetirse. Entre otras cosas, porque ya no hay espontáneos, porque tampoco hay necesidad. Pero siempre atraerá más la leyenda, que la academia.

domingo, 6 de mayo de 2012

LA MUJER EN EL TOREO: JUANITA CRUZ (Madrid 1917-1981)

LA MUJER EN EL TOREO: JUANITA CRUZ (Madrid 1917-1981)





Juanita Cruz debutó en Las Ventas el 2 de abril de 1936, después de haber toreado más de cincuenta festejos en otras plazas. En Madrid hizo el paseíllo con Niño de la Estrella, Miguel Cirujeda y Félix Almagro. Se enfrentó a toros de la viuda de García Aleas y cortó una oreja.

Cuando llevaba 18 novilladas con picadores estalló la guerra civil. Actuó en varios festivales benéficos en favor de la República y se marchó a Venezuela. Toreó en los países taurinos de América y tomó la alternativa en Fresnedillo (México) el 17 de marzo de 1940. Se la concedió Heriberto García. Cortó dos orejas.

Juanita se retiró en 1946 sin poder actuar de nuevo en España. Lo hizo tras participar en casi setecientos festejos. En América hizo el paseíllo en 460 ocasiones. Se despidió en La Paz (Bolivia), pero en 1946 regresó a Europa. En Francia estuvo un año y allí toreó sus últimas corridas. En 1947 regresó a España. Murió en Madrid el 18 de mayo de 1981, en plena feria de San Isidro, a las cinco de la tarde y a causa de una vieja lesión de corazón.

Cuando acabó la Guerra Civil el Reglamento Taurino, que había modificado el ministro de la Gobernación, Salazar Alonso, fue de nuevo reformado. Los taurinos impusieron otra vez la prohibición a las mujeres.
Cuando Juanita recibió en América el telegrama en el que le confirmaban que había quedado excluida del mundo taurino, según contó su esposo, Rafael García Antón, exclamó: "¡Vaya, ya me lo han ganado estos maricas de toreros españoles. Y ha tenido que haber una guerra civil para que me vencieran!".
Forzada por los acontecimientos, se quedó a torear en América en donde no le faltaron los contratos y en donde tras las cornadas que padeció reaccionó con gran valor.

En su debut tuvo como sobresaliente a Manolete
y cortó las orejas y el rabo a sus dos novillos

Actuó con figuras importantes del toreo español y americano. Además de haber tenido por sobresaliente y compañero de terna a Manolete, actuó con otras figuras como Carlos Arruza, Alfonso Ramírez Calesero y Carnicerito de México. Éste y Fermín Espinosa Armillita la avalaron para que en México se le concediera permiso para torear.

Cristina Sánchez es la primera mujer en confirmar la alternativa en la plaza de Las Ventas. Hasta ahora, de las cinco matadoras de toros que registra la historia, únicamente una, Mari Paz Vega, ha tomado la alternativa en una plaza española.

Juanita Cruz, Bertha Trujillo Morenita de Quindío, Raquel Martínez y Maribel Atiénzar se doctoraron en el extranjero. También lo hizo Cristina Sánchez, pero esta vez no fue por saltarse a la torera una prohibición reglamentaria, sino porque en Nimes, y con Curro Romero de padrino, le prepararon un festejo glorioso.
La lucha de las mujeres por adquirir el derecho a alternar con los hombres ha sido larga y en algunos momentos hasta dramática. Lo menos malo para las mujeres era, en ciertos momentos, toparse con la negativa de algún diestro a hacer el paseíllo con ellas.

Juan de la Cierva, ministro de Antonio Maura, prohibió por Real Orden del 2 de julio de 1908, el toreo a pie de las mujeres. Aquella decisión estaba fundamentada, según el ministro de la Gobernación, en protestas públicas y en el hecho de que el espectáculo era "impropio" y "opuesto a la cultura y a todo sentimiento delicado".

Algunas gentes del toro todavía no ven claro el asunto, pero ello no es nuevo. Domingo Ortega, que era torero con ideas políticas muy definidas, contribuyó con 50.000 pesetas de la época a la campaña electoral de Gil Robles durante la República, momento en el que se autorizó la participación de las mujeres en la fiesta. Ortega, en plena guerra, toreó festivales para el Ejército rojo, para obtener permiso para actuar en Francia. Desde allí se pasó al bando franquista. En marzo de 1938, en Caracas, le propusieron compartir cartel con Juanita Cruz y se negó en rotundo. El empresario prefirió a Juanita y prescindió de Ortega.

Sólo una de las cinco matadoras de la historia, Mari Paz Vega, ha tomado la alternativa en España

A Juanita Cruz de la Casa, nacida en Madrid el 17 de febrero de 1917, en la calle Jorge Juan, le nació la afición tal vez por su infancia tan próxima a la antigua plaza de toros. A los dos años ya vivía en la Avenida de Felipe II, junto a la vieja plaza. Allí se hizo amiga de las hijas del carpintero del coso y con ellas presenció numerosos festejos taurinos desde la meseta de toriles.

Juanita tuvo su primera oportunidad para demostrar los conocimientos taurinos, que apuntaba en conversaciones con profesionales, en una tienta. En una finca cercana a Madrid convenció a ganaderos y toreros para que la dejaran torear. Lo hizo y sorprendió la facilidad con que se manejaba.
Rafael García Antón, torero retirado que se dedicaba al apoderamiento, fue el primero que creyó en sus posibilidades. García Antón fue su apoderado y después, su marido. A él se debe la biografía de la torera Juanita Cruz, una odisea, en la que su retrato desde el punto de vista taurino y humano no resulta más apasionado que la opinión de quienes la conocieron y vieron actuar.
UNA FIGURA

Ángel Luis Bienvenida la recrecordó así:
"Yo la vi torear siendo muy chiquillo, pero me quedó muy grabada su presencia en los ruedos. Tal vez porque era un espectáculo fantástico, único". "Juanita fue"la mujer más importante del toreo. Era extraordinaria la gallardía con la que se enfrentaba a los toros, la valentía que mostraba. Su valor creo que era algo fuera de lo normal".
En opinión de Ángel Luis Bienvenida, "fue una pena que la guerra civil le cortara la carrera. Cuando le prohibieron torear la hicieron polvo". Juanita Cruz no llevó nunca taleguilla, detalle que también recuerda el diestro sevillano: "Usaba vestidos de torear con falda, con bordados preciosos. Nunca podremos saber hasta dónde pudo haber llegado como matadora de no haber existido la prohibición. Fue una figura importante como Cristina Sánchez".

La torero madrileña Cristina Sánchez no cree en los machismos y feminismos extremos y considera que la lucha por el puesto de la mujer en los toros no es una reivindicación colectiva sino una batalla individual. "Lo que se consigue en los toros", dice, " hay que ganarlo día a día. Lo que yo hago es una lucha particular. En los toros hay que hacerse respetar, pero por lo que se hace delante del toro. Es la única forma de que no te tomen a chufla.
Por mis actuaciones no se va a conseguir la igualdad para las mujeres ni para el futuro, salvo en lo que se refiere a que el toreo de la mujer obtenga credibilidad".

Cristina, la primera mujer en confirmar la alternativa en Las Ventas, asegura que eso "es tan sólo un paso más en mi carrera, muy importante, pero no por el hecho de ser la primera mujer que confirma la alternativa". De Juanita Cruz tiene el conocimiento fundamental que le ha proporcionado su biografía. "Sé que fue una mujer de gran valor taurino y que, fundamentalmente, desarrolló su carrera en América. He leído su biografía y sé que al acabar la guerra le prohibieron torear. Fue una lástima".

La carrera de Juanita Cruz estuvo salpicada de dificultades. El artículo 124 del Reglamento Taurino de 1930, mantenía la prohibición. Hizo su presentación en León el 24 de junio de 1932, sin que el citado artículo hubiera sido abolido. El ministro de la Gobernación lo recordó a los gobernadores y Juanita se quedó en el paro.
Pero en 1933 se le dio de nuevo la venia. En su primera actuación, el domingo de Carnaval, en Cabra, tuvo como sobresaliente a Manuel Rodríguez Manolete. Juanita cortó las orejas y el rabo a sus dos novillos lo que le valió la repetición.
El nuevo cartel lo encabezó Manuel Rodríguez Bebé Chico, primo de Manolete, y éste hizo esta vez el paseíllo como tercer espada.

Juanita toreó 33 novilladas en 1933, pero para la siguiente, su apoderado en lugar de seguir actuando con permisos especiales emprendió la lucha por la abolición definitiva de la prohibición basándose en el Artículo 2 de la Constitución ("Todos los españoles son iguales ante la Ley"), el 25 ("No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las creencias religiosas. El Estado no reconoce distinciones y títulos nobiliarios"), el 33 ("Toda persona es libre de elegir profesión. Se reconoce la libertad de industria y comercio, salvo las limitaciones que, por motivos económicos y sociales de interés general impongan las leyes").
La batalla que ganó Juanita tuvo consecuencias efímeras. Hoy ya no existe esa discriminación. Ella padeció incluso cierta censura de prensa ya que su caso fue silenciado durante años.
Antes de que tal sucediera contó con los parabienes de los críticos más exigentes de todas las grandes capitales españolas. Marcial Lalanda, el día que la vio torear en Madrid, dijo: "Juanita Cruz ha sido el único torero en la plaza".


Fuente: Hemeroteca Diario El Mundo

sábado, 7 de abril de 2012

Se cumplen cincuenta años de la muerte del revolucionario del toreo





ANDRÉS AMORÓS
ABC del día 06/04/2012
En el cincuenta aniversario de la muerte de Juan Belmonte, el 8 de abril de 1962, ofrecemos dos testimonios, hasta ahora no publicados por escrito, del torero y de su hija Blanca. Los rescató el programa «Ayer», de Radio Exterior de España, que dirige Germán Sánchez, en diciembre de 2011. Recuperan lo aparecido en el programa «Fin de siglo», de Mavi Aldana, grabado en 1999, en el que yo también intervine. Blanca Belmonte, que murió a fines de 2011, ofrece su testimonio íntimo sobre su padre. Ella encontró unas declaraciones grabadas por su padre, entre 1955 y 1960: habla de la peculiaridad de los trianeros y de sus orígenes taurinos, en términos cercanos a un artículo que publicó en ABC, el 13 de abril de 1958, incluido en el volumen «Las Taurinas de ABC». Emocionantes declaraciones:

JUAN BELMONTE

Triana y Sevilla

Llegué a Triana, con mi familia, a fines de siglo. Solo había una industria, la alfarería. El medio de sustento era trabajar en el ladrillo, en el verano, y empapelar las naranjas, en el invierno.

El arte trianero

Los trianeros tenían una manera especial de ver las cosas. En el arte popular, el cante y el baile, allí se conservaban las formas tradicionales, puras: la seguirilla gitana, las soleares, los martinetes... Lo mismo sucedía con el toreo. Se intentaba hacer un toreo imaginario, no el que se veía entonces, traído de Ronda, quizá: lento, pausado, sin adornos...

Los toros

La tiendecita de mi padre, en el mismo mercado, abría solo por las mañanas. Por las tardes, iban allí los amigos, se hablaba de toros. Yo me pegaba allí, lo escuchaba todo. Apenas podía ir a la plaza: la entrada más barata costaba 1'75. De todo lo que oía, sacaba mi idea. Intentaba hacerlo delante del espejo. Entonces, todos los chicos toreaban a sus hermanos o amigos. Yo siempre he tenido a un hermano en edad de embestir: a Manolo, le tenía que compensar...


«Tú serás torero»

El Altozano era mi plaza. Se lo conté a Chaves Nogales. Un día, estaba yo allí, toreando, y, en la muralla del puente, arriba, un tío se quedó mirando y me dijo: «Oye, tú serás torero. ¡Toma!» Y me di un duro. Poco después, toreé a un bicho, en una venta: fue el despertar. Yo lo encajo, ahora, con la pubertad, el despertar de la naturaleza, la cosa sexual... Una verdadera pasión.

BLANCA BELMONTE

Poco hablador

Hablaba muy poco de sí mismo y de sus cosas; un poco más, en la vejez Pero era interesantísimo escucharle, tenía una capacidad oratoria extraordinaria, le sacaba punta a todo. Los toros fueron siempre su gran pasión. Solía decir que a los toreros de su generación les habían estafado: creían que, haciendo un esfuerzo grande, jugándose la vida, tendrían arreglado para siempre el porvenir de todos los suyos. Y no: había que seguir trabajando...

El campo

Le gustaba el acoso y derribo, su locura, montarse en el caballo y coger la garrocha. Era incansable. La prueba: es lo que hizo antes de morir...

La lectura

Le apasionaban los libros. Leía y releía todo lo que caía en sus manos: novelas, las biografías de S. Zweig, historia... Sentía una admiración enorme por Dostoiewski.

Su toreo

Solía decir que se superaba el miedo porque sabías que, a las nueve de la noche, se había acabado todo... En casa se hablaba poco de toros. Me atrevo a decir que no le gustaría el toreo de hoy: han cambiado tanto los toros, el ambiente...

Las costumbres

Los días de corrida, desayunaba fuerte, temprano, y dormía la siesta. Su único rito: llevaba siempre, en el bolsillo, un escapulario del Gran Poder.

La muerte

Es lo más atroz que me ha pasado. Tenía arterioesclerosis y depresión: estaba muy triste, con miedo a envejecer. Lo que más le afectó fue ver a su amigo Julio Camba, en el hospital, lleno de tubos, sufriendo. Dijo que eso no se podía hacer a un hombre... Fue algo extraño. El sábado se fue al campo. Invitó a varios amigos a que fueran con él: mi marido, mi tío, Luis Bollaín. Ninguno pudo. Eso hace pensar que no lo tenía premeditado. Pero otros detalles..





jueves, 5 de enero de 2012

Canito:Casi un siglo de fotos



 
El popular fotógrafo Francisco Cano 'Canito' cumple 99 años. Ha sido testigo de siete décadas de historia de la tauromaquia y permanece en activo.

martes, 13 de diciembre de 2011

Cogida y muerte de Punteret en Montevideo


El estadio taurino denominado ” La Unión “, el más grande con que contó la capital (Montevideo) se inició en el año 1852. Arquitectónicamente presentaba una planta de forma circular, de unos cien metros de diámetro, con una serie de gradas concéntricas con capacidad para unos 12.000 espectadores. El recinto ocupaba una superficie total de 6.082 metros, el diámetro externo de la plaza era de 100 metros y el coso estaba adornado con 36 bóvedas. Esta plaza duró en pie hasta 1923, fecha en la que fue demolida, después de haber sufrido dos incendios en los años 1869 y 1871.La ultima corrida fue celebrada el 2 de Marzo de 1890 a beneficio del Hospital Asilo Español.

La muerte de un ilustre torero
Punteret (Joaquín Sanz Almenar) nació en Játiva, provincia de Valencia. Torea ahí, a los 24 años de edad, y deja ver cualidades fijas y prometedoras. Es hasta el 19 de diciembre de 1880, cuando se realiza su presentación en Madrid, como banderillero, y el año siguiente, 9 de enero, vuelve a la capital de España como matador de novillos, o segunda espada, en unión de Juan Pastor. A fines de 1885-86 hizo campaña en Montevideo, donde había corridas de importancia y con las figuras del momento. El día era el 26 de febrero de 1888, en la plaza de la Unión de la capital uruguaya y se suscitó el percance trágico a este obcecado diestro quien, en un arranque de pundonor (amor propio) y obcecamiento, trató de banderillear sentado al toro “Cocinero” en una silla. Su arrojo le costó la vida fuera de la patria. su actitud tan descabellada se consideró como un suicidio.


lunes, 5 de diciembre de 2011

EL PRIMER RABO SE CORTA EN MADRID EN 1918

 

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Fue a un novillo, pujante y noble ejemplar de “Pablo Romero”, admirablemente lidiado y muerto por el entonces novillero, se llamaba “Vallehermoso”El crítico “Zig-Zag”, colaborador habitual de La Lidia, escribe una permenorizada crítica detallando lo ocurrido en este festejo histórico, dando importancia por igual a toro y a torero.
La primera vez que en la Plaza de Madrid se concedió un rabo de un toro fue el 11 de agosto de 1918.
Hasta entonces el entendido público de aquella inolvidable plaza de la carretera de Aragón –a la que no asistían tantas mujeres ni turistas como a la de ahora—se había limitado a solicitar una oreja como premio a una faena extraordinaria, y dos en caso muy excepcional. La vuelta a ruedo, o la simple salida al tercio constituían ya un alto honor para el torero que lo lograba.
Eran otros tiempos, otra Plaza, otra afición, otra crítica. Existía más seriedad en la organización y el desarrollo de las corridas, y los toros y los toreros respondían a tales nombres. ¡Había que ver lo que costaba triunfar en la Plaza de Madrid!
Pero vamos al caso. El domingo 11 de agosto de 1918 se celebró la novillada anunciada con cinco reses de don Felipe de Pablo Romero y una de don Matías Sánchez Cobaleda., que sustituía a otra de don Felipe, inutilizada en el desenjaule. Figuraban como matadores José Roger “Valencia”, que días antes había cortado la oerja de un novillo de Salas; Manuel Soler “Vaquerito”, y Eugenio Veltoldrá.
Salió en primer lugar el novillo de Sánchez Cobaleda, un bicho manso y remolón al que liquidó “Valencia” de muy buenas maneras, siendo este obligado a dar la vuelta al ruedo, apareciendo después, uno tras otro, cinco hermosos ejemplares de Pablo Romero, bravos y poderosos, nobles suaves, con arrobas y de fina estampa.
La pelea de todos ellos en la suerte de varas por demás sugestiva y emocionante. Voluntarios y alegres se arrancaron a los montados, empujando con codicia y despazurrando un crecido número de caballos. Por sus muchas carnes llegaron algo aplomados a la muleta, excepto el cuarto, un magnífico toro de veintisiete o veintiocho arrobas, de nombre Vallehermoso, de pelaje retinto oscuro y marcado con el número 33, que resultó bravo, poderoso y enormemente noble desde la salida de los chiqueros hasta que rodó a los pies de “Valencia”.
Un toro de bandera, al que, entre clamorosa ovación, se le paseó por el anillo, mientras el espada exhibía, además de las orejas, el peludo rabo del admirable animal, primera concesión de este género en la Plaza de Madrid. ¿Cómo se relató el inusitado hecho?
Véase lo que al siguiente día del acontecimiento publicó el semanario gráfico La Lidia bajo la firma de “Zig-Zag”, con el título “El más completo y nunca visto triunfo de un matador de novillos”:
Ayer “Valencia” se encaramó por las nubes y se puso cara a cara con el Sol llmándole de tú. ¡Dos orejas y el rabo! ¿Hay alguien que haya conseguido tanto?
Solo “Joselito” y Belmonte registran en su historia fechas memorables en las que lograron cortar dos y hasta tres apéndices auriculares en una corrida celebrada en Madrid. Pero ¿ y el rabo?
Ayer fue la primera vez que en Madrid pareció poca concesión las dos orejas de un toro, y a ellas hubo de agregarse el rabo del mismo para premiar la labor de un torero.”
Continuaba el cronista describiendo la bravura del toro y el brillantísimo trabajo de “Valencia” en verónicas, quites, y banderillas, terminando con los siguientes párrafos:
¿Quieren ustedes algo más? Pues aún hay más. Figúrense que Pepito, armado de todas las armas, muleta en la izquierda y espada en la diestra, llega hasta la misma cara del bruto, le cita y hay una serie de pases de tal calidad que creíamos que era poco lo que había hecho; pero los hubo por alto, por bajo, ayudados, molinetes y una colección de pases cambiando la muleta por la espalda con enorme elegancia. Cada pase necesitaría dos días para detallarse. Ovaciones, olés, delirio general, y el paroxismo el ver que el hombre “Valencia”, perfilándose en corto, tumbándose materialmente sobre el toro y saliendo limpiamente de la suerte, había colocado todo el estoque hasta la guarnición en el mismo hoyo de las agujas. Vaciló el toro un instante y cayó con las cuatro patas por alto. La gente harta de olear y cansada de aplaudir, agitaba los pañuelos en demanda de la oreja. El presidente –señor Rocha—accede a ello y el público sigue pidiendo. Vuelve el Usía a la concesión de otro apéndice y sigue el pueblo soberano pidiendo más premio para el torero que, al fin, logra la lacia y sucia cola del cornudo”.
Por lo tanto, José Roger “Valencia fue el primer torero que en la antigua plaza de Madrid consiguió llevarse en el esportón el rabo de un toro.
Fue a un novillo, pujante y noble ejemplar de “Pablo Romero”, admirablemente lidiado y muerto por el entonces novillero, se llamaba “Vallehermoso”


Fuente: El Cartel Taurino, la Sociedad y los Toros.- Madrid 2008.-Pág. 414.Autor: Ángel Sonseca

jueves, 24 de noviembre de 2011

FRANCO CON LOS TOREROS Y POR LA FIESTA NACIONAL

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-El Jefe del Estado con Doña Carmen
Palco de Honor de la Plaza de Las Ventas de Madrid -

Los toreros cumplimentan a Su Excelencia en el antepalco de Las Ventas
Álvaro Domecq,Manolete, El Andaluz, Ángel Luis Bienvenida, El Estudiante
Con el Generalísimo,
Ángel Peralta, Manolo Vázquez, Rafael Ortega, Antoñete


Francisco Franco recibe el saludo efusivo de Antonio Bienvenida
El Caudillo entre Gregorio Sánchez y Curro Girón
Franco rodeado por Alvarito Domecq, Gabriel de la Casa, Paquirri, y Raúl Aranda
Sus Altezas los Príncipes Juan Carlos y Sofía acompañan a Su Excelencia el Jefe del Estado.
Manuel Benítez "El Cordobés" y Sebastián Palomo "Linares"
Ruiz Miguel, El Niño e la Capea, y Roberto Dominguez
Francisco Franco y Esposa
Litri, Atº Binvenida, Julio Aparicio, y D. Ortega
Festival en El Pardo
Alvaito Domecq, Litri, El Cordobés, F. Bohórquez, y El Pipo

viernes, 7 de octubre de 2011

Antonio Bienvenida: 36º aniversario de su muerte.

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ANTONIO BIENVENIDA
(1922-1975)
Hoy se cumplen 36 años de la muerte del Maestro en la Clínica de La Paz de Madrid, ocasionada por la cogida que sufrió por la vaca "Conocida" en un tentadero en la finca de Amalia Pérez Tabernero, situada en El Escorial (Madrid)
“El temple es la calma, ese saberse recrear en la suerte.”
Antonio Bienvenida.
LA VOZ PROFUNDA DEL ESTILO
Mejores entre los mejores “de todo tiempo”, como dijo Cervantes, es este torero: torero único, torero sin otro. Nos dice Belmonte que lo importa en el toreo es que la íntima emoción del toreo traspase el juego de la lidia. Y esto lo vimos nosotros muchas veces viendo torear a este admirable torero. La profundidad de su estilo es incomparable. Se torea como se es. Y así toreaba Antonio con extraordinaria autenticidad.
Antonio Bienvenida fue un torero de escuela. Y aunque empezase muy joven, casi niño, su carrera, ésta la hizo formalmente, seriamente, por sus pasos contados; que es lo que tiene que hacer un buen torero; contar sus pasos. Ahora se nos habla con frecuencia de la monotonía del toreo actual, de la inacabable repetición de pases y más pases; y es que, ahora cuentan los pases y no los pasos.
Antonio Mejías Jiménez nace en Caracas el 25 de junio de 1922. Este admirable torero, es el número siete de los diestros del apodo Bienvenida, una gran familia de toreros entre los cuales su padre Manuel Mejías Rapela y sus hermanos Manolo y Pepe descollaron en la profesión.
Con estos antecedentes taurinos, Antonio empezó a actuar como becerrista en 1936, presentándose en la plaza de Madrid al término de la guerra civil (3 de agosto de 1939) para estoquear novillos de Terrones con Joselito de la Cal y Rafael Ortega Gallito.
En 1941 empieza su marcha ascendente que tiene su principal escenario en la plaza de Sevilla, de la que sale triunfador cuatro de las cinco tarde en que actúa. Ese mismo año realiza en Madrid una fabulosa faena recordada por los buenos aficionados como “la de los tres pases cambiados”.
Entre triunfos resonados y cogidas graves, toma la alternativa en Madrid el 9 de abril de 1942 de manos de su hermano Pepe con toros de Miura . El 26 de julio de ese mismo año, en la plaza de Barcelona, sufre una gravísima cornada al instrumentar su célebre pase cambiado.
A partir de su actuación en Madrid como espada único en la corrida del Montepío de Toreros, para entendérsela con seis reses de Galache, en la que obtuvo un triunfo colosal, surge otro Antonio Bienvenida haciéndose su toreo más profundo y menos espectacular.
Recordemos también ahora la corrida de seis toros de su despedida en Madrid, en octubre de 1966, en que todo absolutamente todo, le salió bien. Pero su retirada no pudo ser mantenida. En 1971 reaparece en Madrid, dando un curso de buen torear.
Ya fuera de los ruedos, pero siguiendo su línea de toreo actúa en muchos tentaderos y el 4 de octubre de 1975, en la finca del Escorial de doña Amalia Pérez Tabernero es cogido por detrás por la vaquilla llamada “Conocida”, produciéndole gravísimas lesiones de vértebras de las que fallecería al atardecer del día 7 en la madrileña clínica La Paz. Al día siguiente, a las cinco de la tarde, en la Plaza de las Ventas, su féretro da su última vuelta al ruedo.

Antonio decía el toreo. El toreo se dice cuando se hace. Y no al revés. Porque el hacerlo siempre depende del toro. Este hacer el toreo va unido a su decir. Me explicaré. Se puede, aparentemente al menos, no torear bien , no hacer bien el toreo y decirlo admirablemente. El toreo que se hace bien y se dice mal no deja huella ninguna imaginativa en nuestro recuerdo.

Las figuras del toreo , como Antonio Bienvenida, lo fueron por su decir el toreo precisamente; por su poderosa personalidad figurativa en la plaza. Antonio hacía el toreo, bien o mal, pero lo decía con personalidad propia. En todas y cada una de las suertes, Antonio no solamente hacía el toreo, sino que lo decía, y lo decía con estilo propio: con singular y particularísimo estilo o forma de decirlo. Un torero no vale solamente por su escuela, sino, quizá únicamente, por su estilo.
El único valor torero es el estilo. Y el estilo no es el torero, sino el toreo mismo.
Y como dijo el poeta:
“Lento, muy lento, muy fiel, / perpetuizaba los pases / perpetuizándose él”.
Monumento a Antonio Bienvenida en La Plaza de Toros de Las Ventas
ANTONIO SANTAINÉS CIRÉS
Barelona, 02/09/2007Al hablar hoy de Antonio Mejías Jiménez (Bienvenida VII) hacemos mención obligada al juicio crítico que le mereció al insigne maestro Don Ventura: Siempre dijimos a cuantos quisieron oírnos que este torero ha sido el más fino, más puro y más clásico de cuantos han salido de la casa Bienvenida.

Verdad irrefutable. Pero es curioso y cierto a la vez que de tronco tan vigoroso como lo fue Manuel Mejías Rapela Bienvenida, investido urbi et orbi Papa Negro, brotaran tan frondosos ramajes. Todos aprendieron en el patio de General Mola, 3, hoy Príncipe de Vergara, todos tuvieron al mismo profesor, a don Manuel, su padre y cada uno acomodó sus grandes enseñanzas a su propia personalidad. «De los toros -a criterio del apologista Felipe Sassone- lo sabía todo y no quería, ni sabía, saber otra cosa. Hubiera vuelto a trabajar en cosas del toreo, hubiera zurcido capotes, construido banderillas, acaso hubiera terminado de mozo de estoques».
Y, cuando apareció a la palestra el hermanito menor, Juanito Bienvenida, Don Ventura consideró con acierto también que la casa de los Bienvenida, merecía el título de una obra de Echegaray: Manantial que no se agota.
«Cura, no me eches más agua»
Antonio Bienvenida nació el 25 de junio de 1922 en Caracas (Venezuela). Y fue bautizado en la parroquia sevillana de Omnium Sanctorum en la que se bautizó Juan Belmonte. Me lo recordó hace años su hermano Ángel Luis:
«Antonio y a mí nos bautizaron juntos. Antonio tenía dos años y dos meses, que era le edad que me llevaba a mí. Mi madre decía que un hijo suyo tenía que ser bautizado en Sevilla. Y Antonio cuando llegó era tan mayor que fue andando cuando le bautizaron. Cuando le echaron el agua decía: "Cura no me eches más agua que está muy fría"...»
Poseso Antonio, como ya se intuye, de un extenso repertorio, incorporó en el mismo una suerte olvidada en la que se conjugaban a la vez belleza y riesgo, el pase cambiado con la muleta plegada. El sangriento percance que le costó su práctica nada empañó la finura y elegancia de su toreo, al punto que un día, viéndole Manolete en pleno éxito exclamó:
«¡Si yo toreara como Antonio ¡»
Al despedirse en la plaza de Barcelona en 1966 fui a saludarle después de la corrida en el Hotel Ritz. Le pregunté a Antonio si le representaba mucho para él Barcelona.
«Pues sí -me respondió-.Porque es una plaza en donde se dan muchas corridas, más que en ninguna de España y además porque en Barcelona vino mi padre y mis hermanos. Todos nosotros tenemos un gran cariño a esta plaza y aunque yo no tuve mucha suerte, el público siempre me ha mostrado su simpatía»Torero, ¿desde cuándo?.

«Desde que lidié el primer becerro en La Pañoleta de Sevilla. Tenía yo cinco años. Y para que mi madre me dejase torear, mis hermanos subieron entre todos al becerro al piso para que lo viera. Entonces me dejó».
Quise saber que experiencias había sacado de la fiesta en el aspecto humano. «Muchas -me contestó-. Con el toro se aprende mucho en la vida, porque en el toro hay violencia, hay bondad, hay templanza, hay maldad, hay dolor, triunfo y fracaso. Y todo esto es la vida». Me gustó su filosofía.
Las primeras andanzas toreras de Antoñito Bienvenida no son fáciles de detectar. Felipe Sassone en el libro Pasos de Toreo, pequeña historia de un artista grande, señala que en Zamora le vio torear con traje corto y estoquear por primera vez dos becerros de buena estampa que había cedido don Graciliano Pérez Tabernero.
«Quiero -ha dicho Antoñito a su padre- que doña María Palou y don Felipe Sassone vengan como padrinos a verme matar mis dos primeros toros». Todo eso ocurre el 14 de julio de 1936. Pero, concluye Sassone:
«Al llegar a Madrid se nos acabó el contento. Un amigo me daba por teléfono la noticia terrible: Habían asesinado a don José Calvo Sotelo».
En Córdoba, en la vieja plaza de los Tejares torea Antoñito Bienvenida una nocturna con Paquito Casado el 3 de julio de 1937. Se lidian utreros de Alfonso Olivares. Unos días después, el 11 de julio, torea en Sevilla en la corrida a beneficio del acorazado «España». Se lidian cuatro toros de Indalecio García, (antes Rincón) para Manolo y Pepe Bienvenida y dos hermosos erales de la ganadería de Juan Belmonte para Antoñito Bienvenida.
El 26 de junio de 1938, en Cádiz torea por primera vez con picadores, mano a mano con Pepe Luis Vázquez, novillos de Juan Belmonte. En la plaza de Madrid se presentó el 3 de agosto de 1939 alternando con Joselito de la Cal y Rafael Ortega Gallito, lidiando novillos de Terrones.
Primera oreja en BarcelonaEn Barcelona tengo noticia por vez primera de él el 11 de febrero de 1940, función inaugural en las Arenas, completando la terna Gil Tovar y Paquito Casado. Los novillos son del marqués de Villamarta y con mejor buen pie no puede entrar Antoñito Bienevenida en nuestra plaza, cortando una oreja al novillo de su presentación.
En este 1940 contabiliza lisonjeros éxitos en Sevilla. Sus más estudiosos apologistas admiten que en la novillada del 15 de junio en la Real Maestranza sevillana practica Antoñito Bienvenida por primera vez el pase cambiado con la muleta plegada. Toreó mano a mano con Paquito Casado y por cogida de éste, Bienvenida estoqueó los seis novillos de Arranz, cortando la oreja del cuarto. Pero en el monte no todo es orégano y el 3 de agosto se produce su bautismo de sangre en Huelva. Sassone recibirá aquella noche un telegrama que dice:
«Primero dióme cornada en mano izquierda, no grave pero muy dolorosa. Abrazos. Antonio».
El susodicho Antoñito Bienvenida inauguró la temporada taurina en la Monumental de Barcelona el 9 de febrero de 1941 con Pedro Barrera, sustituyendo al Andaluz y Miguel del Pino, reses de Villamarta. Esta tarde le vi dar el pase cambiado con la muleta plegada y confieso que admiré su gran belleza, su ineludible riesgo y la guapeza y sentimiento que ponía en su ejecución.
Doloroso calvarioLa mala suerte tampoco le dejó en paz y el 29 de abril en Jerez de la Frontera un novillo de Belmonte le partió la mejilla izquierda de una cornada en un afarolado de rodillas y el 22 de junio, en Granada, un novillo de Santa Coloma en un par al cuarteo le infiere una grave cornada en la región glútea izquierda. Son los comienzos de un largo y doloroso calvario en los ruedos.
Declina la temporada y cambia la onza en la histórica novillada del 18 de septiembre en Madrid. Los cambios de capa o de muleta en el toreo son antiquísimos. Francisco Montes (Paquiro) se refiere a ellos en su Tauromaquia completa (1836) y dice:
«Los cambios están olvidados casi del todo. La dificultad que presenta su ejecución retrae a la mayor parte de los toreros de emprenderla por lo cual se pasan años sin que se vea un solo cambio, a no ser por casualidad».
Añade: «Consiste en marcar la salida del toro por un lado y dársela por el otro».
El cambio con la muleta plegada estuvo proscrito mucho tiempo. En los años 1863 al 1890, gracias a la frecuencia con que lo daba Antonio Carmona el Gordito estuvo muy en boga. Ya muy viejo Carmona se solazaba teorizando sobre esta arriesgada suerte y pasando a la práctica cogía la muleta y con una becerra repetía lo descrito, una, dos y hasta tresveces. Lo curioso es que Antonio ensayaba esta difícil suerte en el patio de General Mola, 3 con un perrito fox-terrier «el Civi» que le entraba muy bien a la muleta. Al «Civi» lo mató un coche.
Antonio Bienvenida
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