¡¡V I V A  E S P A Ñ A  Y  S U  F I E S T A  N A C I O N A L !!
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lunes, 27 de agosto de 2012

MANOLETE, 65 AÑOS DE LA COGIDA MORTAL EN LINARES.






José María Sánchez Martínez-Rivero

Este 28 de agosto de 2012 se cumplen 65 años de la mortal cogida del diestro Manuel Rodríguez, “Manolete” en la plaza de Linares.

Conviene, dado que ha transcurrido mucho tiempo, recordar a los aficionados, jóvenes y menos jóvenes lo que ocurrió el 28 de agosto de 1947, de la mano de los testigos que estaban aquél día en la plaza de Linares, miembros del entorno del diestro de Córdoba a saber: el apoderado de Manolete, don José Flores, Camará; el banderillero Pinturas; su primo, Cantimplas tercero de la cuadrilla y otros.

Estos testimonios fueron recogidos a las pocas horas de la tragedia por el gran periodista, amigo íntimo de Manolete, José Luís de Córdoba. Nos narran la impresión y el dolor que supuso para ellos la pérdida de aquél gran torero que fue Manuel Rodríguez Sánchez.

Don José Flores, comentaba que el toro no le gustaba y que era muy peligroso – lo había visto bien - y nos dice:

“El toro era muy peligroso, por eso cuando Manolo se acercó a mí, al coger estoque y muleta, para preguntarme como veía yo al de Miura, le aconsejé: “El toro no es bueno. Échale la muleta abajo y procura dominarlo. Aquélla faena que le hizo Manolo no era, ni muchos menos, la que el marrajo merecía.”

La frase: “Échale la muleta abajo” era la contraseña que tenían pactada cuando un toro no le gustaba al apoderado y la pronunciaba para que el Monstruo abreviara y matara al toro rápidamente. No siempre Manolete seguía el consejo y sacaba faena a toros que, en principio, no la tenían.

Camará comenta que se encontraba lejos del lugar donde ocurrió la cogida y que siguió la faena con emoción e inquietud, pues, creyó que en cada pase iba a coger el toro a Manolete.

“Por fin, cuando le vi montar el estoque, respiré tranquilo. ¡Si Dios le había salvado hasta aquél momento, también le ayudaría en la suerte suprema! Pero no fue así, por desgracia.”

Don José Flores se dio perfectamente cuenta de la gravedad de la cornada. Relata: “Salté la barrera y corrí hacia el lugar de la cogida. Todavía en la enfermería, yo no quería creer que la herida fuese mortal”.

Camará acompañó a Manolete hasta el último momento y narra las últimas impresiones del torero herido. “Él no perdió el conocimiento hasta minutos antes de morir. Me dijo que le había impresionado mucho la cogida y que por tratarse de un pueblo estaba más inquieto que otras veces. Yo traté siempre de tranquilizarlo. Pero en el curso de la madrugada, ni una vez pronunció la palabra “¡Me muero!”. ¡Acabamos de perder al mejor torero de todos los tiempos!, manifestó.

Antonio Labrador, Pinturas, banderillero de Manolete desde 1942, es de la misma opinión que Camará, el toro Islero tenía mucho peligro. Trató de ayudar, durante la faena a su matador, pero éste, enérgico, le echó para atrás.

Nos dice como vio entrar a matar a Manolete:

“El maestro entró a matar despacio. El toro echó la cara arriba y sobrevino la cogida. Corrí a hacer el quite y observé, extrañado, que Manolete se quejaba, cosa que nunca había hecho. Esto me impresionó vivamente y me hizo formar una idea de la gravedad del percance”.

Dice que no habló con Manolete en la enfermería pero que lo oyó decir:

“¡Madre mía!, ¡Dios mío!, ¿Pero el toro habrá muerto de la estocada? ¡Y me habrán dado la oreja!

“Sí, -le dijo Carnicerito de Málaga-, las dos y el rabo.”

“¡Aquello no es posible borrarlo!”, dice Pinturas.

Con una impresionante cornada, que le costaría la vida, lleno de pundonor, todavía preguntaba por el resultado de su faena al toro Islero.

Gabriel González, era otro de los banderilleros de Manolete – había sustituido en la cuadrilla a Alfredo David -, dice que él estaba en el burladero atento a la faena de Manolete. Desde los primeros momentos vio el peligro que corría el matador. Al ocurrir la cogida acudió de los primeros al quite. Oyó quejarse a Manolete. Él fue quien se encargó de salirse para afuera con el toro mientras retiraban a Manolete del ruedo las asistencias.

Primo hermano de Manolete, Rafael Saco, Cantimplas, el banderillero más antiguo de la cuadrilla, relata así los momentos dramáticos de la cogida:

“Fuera de la barrera estaba yo, en terrenos de chiqueros, siguiendo el trasteo de muleta con tanto interés como impaciencia. El toro era manso, echaba la cara arriba y abajo y en cada pase veía cogido a mi matador. Después de la cogida yo fue el primero que entró al quite. Cogí a Manolete en brazos, y ayudado por no sé quien o quienes – más tarde se comprobó que entro otros estaba Guillermo el mozo de espadas -, lo llevamos a la enfermería. Me salí después. Era tan tremenda la herida que me dio miedo.”

En la madrugada Cantimplas habló con su primo, después de operado: “Se lamentaba de su mala suerte. Se acordaba mucho de su madre. ¡Que disgusto le voy a dar a mi madre cuando se entere de esto!, decía. Pedía constantemente hielo y agua. Y un cigarrillo también me pidió. Se lo encendí. Le dio tres chupadas con pulso tembloroso. Le aconsejé que no siguiera fumando, que los doctores habían dicho que podía serle perjudicial. Me entregó el cigarrillo. Yo salí fuera de la habitación. ¡Pobre Manuel!

Bernardo Muñoz, Carnicerito de Málaga, igualmente vio el peligro que el toro de Miura tenía. Siguió la faena con la natural impaciencia para que Manolete se quitara de en medio aquél “pajarraco” lo antes posible. Relata: “Yo le alargué por dos veces el estoque de matar, las mismas que él me rechazó, enérgico. Por fin, a la tercera vez aceptó y se perfiló de una manera que hizo presentir la desgracia. A aquél toro no se le podía entrar a volapié neto.”

Carnicerito fue el que le cortó las dos orejas y el rabo concedidas al matador. Posteriormente entró en la enfermería. “Ya le habían taponado la herida. Me preguntó: ¿Ha sido muy grande la cornada, Bernardo?, Yo evadí la respuesta. Entonces me dijo:”¿Me han dado la oreja?” Las dos y el rabo, Manolo – le respondí -. Y me retiré del lecho, llorando de emoción.”

El picador de Manolete Barajas, más conocido por Pimpi, estuvo hasta el último momento al lado del Monstruo. Declaró: “Estuve a su lado hasta que expiró. No me separé de su lado un solo instante. Las cinco transfusiones de sangre las soportó con todos sus sentidos. Se quejaba, eso sí. Y me decía: “Pimpi no te vayas. Dios te pagará cuanto haces por mí”. ¡Una tragedia! Yo, la verdad, en un principio no creí que la cornada pudiera costar la vida a nuestro gran torero.”

Guillermo, uno de los dos mozos de espadas de Manolete, amigo íntimo de él, fue uno de los más afectados por la tragedia, tanto es así, que nunca más, después de lo de Linares, presenció una corrida de toros. Acudía con regularidad a la tumba de Manolete a rezar. De aquella tarde, nos dice: “A unos metros de Manolo, entre barreras, estaba yo. Perfecta cuenta me di del peligro que corría el torero. Al Pelu (Cantimplas) y a Pinturas les dije, varias veces, que anduvieran con cuidado. Y Manolo cuando montó el estoque, no pude contener un grito. Fue éste: “Aligera y con el brazo por delante”. Manolo quiso hacer la suerte con toda honradez y sobrevino el percance. Fui el primero en llegar a recoger al torero. Creo que con Camará, Sevillano y algún otro le llevamos a la enfermería. Yo no pude, no quise entrar. Me atenazaba la congoja. Y preferí no verlo -¡hasta verlo muerto!-, a dar un mal rato a quien tanto quise... No tuve valor para soportar tan cruel momento.”

Guillermo conservó el pantalón que aquél día llevaba, manchado totalmente el lado derecho de la sangre de Manolete. El autor de este artículo lo ha visto 62 años más tarde de la tragedia.

Por último, Chimo, mozo de estoques de Manolete, cierra la relación de los principales testigos de la tragedia. “A mí, no me pilló de sorpresa la cogida. El toro estaba fuera del tercio, y Manolo le entró a matar en la suerte contraria. Le dije dos veces que no entrara a matar en ese terreno; pero la fatalidad vino a hacer el percance inevitable.” Conversó con Manolete en la enfermería y le dijo: “Me veo más enfermo que me he visto nunca. Chimito, avisa a tu amigo. Mi amigo era el doctor Jiménez Guinea.”

La llegada del doctor Jiménez Guinea, la posterior consulta de médicos y el desenlace final son harto conocidos.

Una vez más se cumplió el vaticinio que el banderillero Alfredo David, en varias ocasiones manifestó: “De pasarle algún percance grave a Manolete, será a la hora de matar”.

sábado, 28 de julio de 2012

Rafael de Paula...



http://www.aficionperu.com

Corrida de la Beneficencia de 1988. Rafael de Paula iba vestido de café con leche, las medias eran de color blanco y la montera, en lugar de negro, sorprendía por su color marrón.

Las obligaciones protocolarías lo constriñeron a brindar la muerte del toro al Rey, al que dijo:

“Majestad, le brindo la muerte de este toro y le deseo mucha suerte. A usted y a España. Y ahora deséemela usted a mí porque no sé qué voy a hacer con esta alimaña…

viernes, 20 de julio de 2012

A hombros...Mario Pastor




http://www.eladelantado.com

Mario Pastor Cristóbal a sus 27 años ha expuesto sus colecciones artísticas en Cuellar, Boecillo o Sepúlveda, aparte de ganar varios certámenes de pintura rápida como de la localidad donde reside, San Pedro de Gaíllos.
De pequeño pintaba toros y caballos, los cuales ha mantenido en sus cuadros que incluso a llegado a copar alguno de los carteles de las festividades taurinas de Sepúlveda y de Las Ventas (año 2009 y 2010). Precisamente, la casa de sus abuelos en Sepúlveda fue uno de sus mejores inspiradores, ya que su abuelo era un gran aficionado a los toros y tenía ilustraciones de dichos animales por toda la casa que el joven admiró y plasmó durante su niñez.
Mario pinta unos treinta cuadros por año, algunos por gusto y otros por encargo, reconociendo que los que cuentan con una buena primera impresión suelen representar "ideas más frescas, espontáneas y valiosas". De los paisajes resalta el color y las estructuras, reflejadas con miles de pequeñas pinceladas típicas del impresionismo, mientras que del mundo del toreo destaca la viveza y el ambiente de la fiesta nacional, "para ser pintor taurino hay que ser un poco torero".
Licenciado en Bellas Artes en la Universidad de Salamanca tras pasar por la Casa de los Picos para cursar el bachillerato de arte, reconoce que fueron los dos últimos años de carrera donde aprendió más sobre el arte y en especial sobre la pintura.
Para Pastor sería importante mover su pintura por España, "creo que puedo ser un buen pintor taurino, o al menos mejorar mi actual forma de pintar". En el pasado los toros los retrataba en movimiento y en escenas propias de las corridas taurinas, en la actualidad, "prefiero plasmar el toro en el campo tranquilo y en su hábitat", aunque sigue con el enfoque y la composición naturalista con un fiel reflejo de lo que ve.

domingo, 8 de julio de 2012

Gerardo Diego: 25 Aniversario de la muerte del poeta de la Tauromaquia






Hoy se cumple el 25 aniversario de la muerte
del poeta Gerardo Diego
(Santander,Cantabria, 3 Octubre 1896 - Madrid, 8 Julio 1987)

"...Este santanderino sumo sacerdote de la belleza y la poesía "fue uno de los pocos poetas españoles capaz de articular un libro monográfico sobre la fiesta, La suerte o la muerte..."

"...De todos los grupos generacionales de artistas, literatos e intelectuales que han surgido a lo largo de la historia de nuestro país, la Generación del 27 es la promoción cultural que más se ha aproximado a la Tauromaquia y la que nos ha aportado un mayor número de obras inspiradas en el mundo del Toro.

La Generación del 27 contó con importantísimos poetas que se inspiraron en el toreo de manera frecuente: Federico García Lorca, Rafael Alberti o Miguel Hernández, por poner unos ejemplos; pero el más aficionado a los toros, el que más se prodigó en la temática y el único que no se limitó a escribir poemas sueltos y llegó publicar dos libros completos de poesía taurina fue Gerardo Diego..."

Fue admirador de los toreros de la Dinastía Bienvenida y en su obra quedó grabada la inspiración que de ellos le llegó. Ahí quedó la égloga a Antonio y el poema a Manolo

He aquí algunos de los fragmentos que Gerardo Diego en la Égloga a Antonio Bienvenida:

Paisaje al fondo, un cielo, un prado lila con cenefa de tejas de andanada; nubecillas borregas -ni una esquila- pastan la luz tardía, deshojada.

Tres golondrinas cruzan, vuelven, chirlan.

se alza allí una giralda, un minarete?

"No hay más Alah que Alah" gritan y birlan el espejismo en raudo molinete".

"Fija la tarde aquella y tantas otras luego de lidia florecida quedan en la memoria estrella a estrella constelando las noches de la vida.

La vida del torero y la vida del hondo aficionado, vuela la una con batir ligero, la otra reprime el curso sosegado".

La vida, se dice, da muchas vueltas y en ocasiones los libros imitan tanto vuelo.

La letra del torero es recia y muy segura; la letra del poeta llega hasta mí removiendo rescoldos.

Versos dedicados a Manolo Bienvenida:

Es más azul el cielo

para las golondrinas,

desde que juega al toro

Manolo Bienvenida.
Gerardo Diego.

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De todos los grupos generacionales de artistas, literatos e intelectuales que han surgido a lo largo de la historia de nuestro país, laGeneración del 27 es la promoción cultural que más se ha aproximado a la Tauromaquia y la que nos ha aportado un mayor número de obras inspiradas en el mundo del Toro.

La Generación del 27 contó con importantísimos poetas que se inspiraron en el toreo de manera frecuente: Federico García Lorca, Rafael Alberti o Miguel Hernández, por poner unos ejemplos; pero el más aficionado a los toros, el que más se prodigó en la temática y el único que no se limitó a escribir poemas sueltos y llegó publicar dos libros completos de poesía taurina fue Gerardo Diego.

Gerardo Diego Cendoya (1896-1987), natural de Santander

Aficionado a los toros desde su niñez, fue un precursor de sus compañeros de generación en lo que se refiere a componer poesía taurina, pues en 1926 ya había escrito los poemas “Torerillo en Triana” y “Elegía a Joselito”, mientras que ni Lorca ni Alberti habían abordado aún esa temática.
La pasión por los toros de Gerardo Diego se reflejó en dos libros completos de poesía taurina: “La suerte o la muerte - Poema del toreo” y “El Cordobés dilucidado”.

El primero de esos dos libros, “La suerte o la muerte - Poema del toreo”, es la obra cumbre de poesía taurina de Gerardo Diego. En él reúne composiciones fechadas entre 1926 y 1963 que están inspiradas en las grandes figuras de su época, en las variadas suertes de la lidia y en los distintos momentos de una corrida de toros, además de otros poemas referidos a distintos ámbitos del toro, por lo que se puede decir que conforma toda una tauromaquia completa.


El libro comienza con un “Bautizo y Brindis”, y continúa con unos poesías dedicadas al toro.

“Primavera del utrero”:

“Qué plenitud de dehesa.
Qué azul embriaguez de abril.
Y cómo el pitón progresa,
Garabato de candil.”

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En una de ellas, “Invocación al toro”, Gerardo Diego le pide al Toro inspiración para terminar su poema, como si fuese una musa, y le rinde culto dándole el tratamiento de un Dios al que llama Padre y equipara con Zeus:

“Padre toro, desgarra en mil jirones
las banderas del aire y borbotones,
fulmina y tala, abrasa y carboniza,

revuelve paraísos con avernos,
y encuna este poema de ceniza
y de gloria en la rima de tus cuernos.”

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A la hora de recrear los distintos momentos y suertes de la lidia, Gerardo Diego recurre a descripciones que parecen pensadas para personas que van a ir por primera vez a una plaza de toros.

“Verónicas gitanas”:

“Lenta, olorosa, redonda,
la flor de la maravilla
se abre cada vez más honda
y se encierra en su semilla.”

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La “Media verónica”:

“Uno, dos, tres, siete lances,
columnas de un monumento.
No se deshaga en romances.
Que no se lo lleve el viento.
Falta la cúpula alta,
la rotonda que se exalta
sobre la teoría jónica.
Y la torera cintura
-flor de elegancia- clausura,
pura, la media verónica.”

“Suerte de varas”:

“Cruje el rey sus soberanos
huesos. Qué poderío.
Y el caballo alza sus manos
como tañendo el vacío.
Un minuto dura, eterno,
el alto pujar del cuerno
contra el pulso que se afianza.
Ni uno de los dos cediera
si el maestro no tendiera
la larga de la esperanza.”

“Naturales”:

“El toreo se hace hondo,
a un tiempo se abisma y vuela,
cuando va el toro redondo,
atado el cuerno a la tela.”

******
“Pase de pecho”:

“Entre un temporal deshecho
la gruesa nave embestía.
Al pasar por el estrecho
la plaza se estremecía.
Tú erguido, firme, derecho,
faro en tu roca vigía,
larga el brazo, álzale al techo,
rompa la espuma bravía.
Y allá va el pase de pecho.
Fue la noche y ya es el día.”

******
Y entre suertes y lances, Gerardo Diego incluye homenajes a figuras del toreo, tanto para elogiar su dimensión artística como para glosar su muerte.

La “Elegía a Joselito”:

“Un lienzo vuelto, una última voz –toro-,
un gesto esquivo, un golpe seco, un grito,
y un arroyo de sangre –arenas de oro-
que se lleva –ay, espuma- a Joselito.”

******
Un poema sobre “Las largas de Rafael el Gallo”:

“Con la larga cordobesa,
larga como una promesa,
tráete ya el toro a la cola
como al paje la princesa.”

******
Una “Oda a Belmonte”:

“Venid acá, oh incrédulos,
vedle cómo se afianza
sobre el talón izquierdo bien posado;
la acordada muñeca templa y tañe
a la lira que avanza
y humilla y tuerce y cruje y se comprime.
Mientras la mano diestra la esperanza
del claro acero esgrime.”

*****
O el “Adiós a Manolete”:

“La balanza equilibra
la suerte y muerte igual.
Islero a Manuel reta.
Manuel a su isla va.

Rodeados de sombra
de espesa inmensidad,
solos allá en su isla
se entrecruzan en paz.”

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Siendo tan buen aficionado como era Gerardo Diego, no podía faltar un “Himno a los subalternos”:

“Gloria a vosotros, alfiles, jinetes,
gloria y honor. Que mi verso más clásico,
desde el toril al trotar de mulillas
corona os ciña solemne.”

Además, entre otros muchos momentos, el poeta también nos evoca el instante inminente a “El encierro”:

(Pamplona)

"¡Madre, los toros! El río
urge y aprieta sus ondas
de tumulto y vocerío
y espumas negras, redondas.
Se va haciendo embudo el lecho.
Hay que tragar el estrecho,
zancas largas, sanfermines.
Sopla el fuelle. Allá van blusas,
jirones, aspas, esclusas.
Y están tocando a maitines.”

Cierra el libro Gerardo Diego con el poema “Plaza vacía”, y su último verso...
¡Qué último verso!:

“la vida es sombra, y el toreo sueño.”


Francisco Javier Díez de Revenga, máximo especialista en la poesía de Gerardo Diego, dice de él que "fue uno de los pocos poetas españoles capaz de articular un libro monográfico sobre la fiesta, La suerte o la muerte, obra maestra tanto por su intenso contenido poético como por sus virtudes formales y estructurales, ya que todo el libro está concebido como un gran poema del toreo".
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