¡¡V I V A  E S P A Ñ A  Y  S U  F I E S T A  N A C I O N A L !!
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domingo, 18 de septiembre de 2011

Rodolfo Gaona



Rodolfo Gaona (1888-1975), "El Califa De Leon", matador de toros mexicano.
Nacido en León de los Aldamas, Guanajuato, el 22 de enero de 1888, fue inventor de la gaonera y del centenario (como una gaonera pero con la muleta y por el lado derecho). Se le considera uno de los toreros más elegantes de la historia.
Debut en México: 1 de octubre de 1905 en la plaza de México D.F.
Temporada 1908: llega a España. El 15 de julio inauguró, junto a "Bombita" y "Machaquito", la plaza de Vista Alegre de Madrid.
Alternativa: 31 de mayo de 1908 en Tetuán de las Victorias (Madrid) con toros de Basilio Peñalver, siendo su padrino Manuel Lara "Jerezano", que le cedió el toro "Rabanero".
Confirmación: 5 de julio de 1908. Su padrino fue Juan Sal López "Saleri", que le cedió el toro "Gordito" de Juan González Nandín. Actuó de testigo Tomás Alarcón "Mazzantinito".
Otros datos: Gaona fue durante algunos años figura imprescindible del toreo, tanto en España como en América, llegando a rivalizar incluso con figuras de la talla de Joselito y Belmonte.
Discípulo de Saturnino Frutos Ojitos (banderillero de "Frascuelo"), se presentó en la vieja Plaza de Toros de la Ciudad de México el 1 de octubre de 1905, y en la de Tetuán de las Victorias, de Madrid, el 31 de mayo de 1908. Ese mismo año, el 15 de julio, inauguró, compartiendo cartel con Ricardo Torres "Bombita" y Machaquito, la plaza madrileña de Vista Alegre. Desde entonces y hasta la aparición de Joselito y Juan Belmonte, Gaona vivió su época de mayor crédito en España. En México, sus grandes éxitos llegaron entre 1920 y 1924. Sus contrincantes principales fueron Ignacio Sánchez Mejías y Marcial Lalanda.
Se retiró de los ruedos el 12 de abril de 1925, en la Monumental Plaza El Toreo de La Condesa, de la Ciudad de México, en una tarde magnífica en la que estoqueó siete toros. Falleció el 20 de mayo de 1975, en la Ciudad de México.
Estuvo casado con la actriz española Carmen Ruiz Moragas.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

La plaza de toros de Santander



La plaza más antigua con que contó Santander se hallaba situada en terrenos de la calle de Juan de Alvear, detrás de la calle Burgos. Esta plaza duró poco y fue sustituida por otra de mejores condiciones, situada en Molnedo, al noroeste de la ciudad. Tenía tendido y dos pisos, con capacidad para 6.700 espectadores.
Fue inaugurada el 4 de agosto de 1859, con una corrida en la que Cúchares y el Tato lidiaron toros de Veragua y Rodríguez (de Salamanca).
Esta plaza subsiste hasta el año 1890, en que se construye la nueva por la razón social Gallostra y Compañía, en Cuatro Caminos, con un aforo de 11.000 localidades. Inaugurada el 25 de julio, con toros del conde de la Patilla, estoqueados por los diestros Cara-Ancha y Luis Mazzantini. Estos diestros actuaron también en la segunda corrida el día 27 de ese mismo mes, y en su tercera corrida fue el diestro Guerrita quien se encerró con seis toros del Marqués de Saltillo, aunque sólo estoqueó cinco, pues el último se lo cedió al sobresaliente Miguel Almendro.
El diámetro del ruedo es de 51 metros. Tiene dos pisos, y sobre los intercolumnios del último, los hierros y divisas de las ganaderías más importantes, en una arcada de estilo mudéjar, en cuyo machón se lee el nombre del respectivo ganadero.
Son excelentes las dependencias, y tan sólo es censurable el acceso, que se hace directamente desde el exterior a cada tendido, por carecer de pasillo y galerías circulares. El proyecto fue labor del arquitecto don Alfredo de la Escalera.
En 1913 se celebró la llamada corrida monstruo y que se celebró con resonancia nacional. En realidad, fueron tres corridas de toros. La primera, a las diez y media de la mañana, con astados de Benjumea, para Vicente Pastor, Cocherito de Bilbao y Torquito. La segunda , a las tres y media de la tarde, con toros de Parladé, para Machaquito y Joselito. Terminada esta corrida, Ricardo Bamba y El Gallo lidiaron cornúpetas del Marqués de Saltillo. Para conmemorar su centenario, se realizó otra corrida monstruo.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Ignacio Sánchez Mejías



Ignacio Sánchez Mejías (n. Sevilla, 6 de junio de 1891 - m. Madrid, 13 de agosto de 1934). Su figura trascendió con mucho el ámbito taurino, ya que fue también escritor y miembro destacado de la Generación del 27, lo que le convirtió en uno de los personajes de la cultura más populares de la España de antes de la guerra civil española.
Cuñado del mítico torero Joselito "El Gallo", en su cuadrilla se formó como torero y fue quien le dio la alternativa en 1919, con Belmonte como testigo. Cuando Sánchez Mejías murió, como consecuencia de una cornada en la plaza de Manzanares, su figura fue ensalzada por Miguel Hernández, Rafael Alberti –que hizo el paseíllo en su cuadrilla– y otros grandes poetas, incluido García Lorca, cuyo Llanto por Ignacio Sánchez Mejías es para muchos la mejor elegía en español desde las Coplas de Jorge Manrique.

De familia acomodada, se escapó de casa siendo un adolescente en busca de aventuras, viajando como polizón en un barco que se dirigía a México. Ese afán aventurero le hizo abrazar la profesión taurina. Extraordinariamente polifacético, fue también actor de cine, jugador de polo, automovilista, escritor de obras de teatro y presidente del Real Betis Balompié.
En la década de 1910 formó parte de la cuadrilla de José Gómez "Joselito", su amigo de la infancia, con el que había emparentado en 1915 al casarse con una hermana del gran diestro sevillano. En los tres años siguientes se consagró en la cuadrilla de Joselito como el mejor banderillero español, con permiso de su cuñado Joselito, excepcional rehiletero. Los historiadores taurinos coinciden en señalar que la técnica de Joselito es la más perfecta que se ha conocido y el mejor torero de la vieja escuela. Y en esa escuela se formó, como matador de toros, Ignacio Sánchez Mejías.

 Matador de toros

En 1919 tomó la alternativa en Barcelona de manos de Joselito y con Juan Belmonte de testigo. La confirmó en Madrid al año siguiente. En 1920, alternando en un mano a mano con Joselito en Talavera de la Reina fue testigo de la muerte de su cuñado en una cogida del toro «Bailaor». Se conserva una fotografía de Sánchez Mejías velando a Joselito:





La fotografía de Ignacio abrumado por el dolor, sosteniendo con una mano abierta la cara mientras con la otra acaricia la cabeza de Joselito yacente, tranquilo ya en su gloria, es quizás la más emocionante de la historia de la Tauromaquia.
«Ignacio Sänchez Mejías, el torero del 27», El Mundo, 3 de mayo de 1998.
El éxito de su toreo no se basó en su técnica o en su estilo, y menos compitiendo con los considerados como mejores toreros de la historia (Joselito y Belmonte), sino sobre todo por sus alardes temerarios: toreos de rodillas, recibir sentado en el estribo, banderillas por los adentros, etc. A mediados de la década de 1920, siendo figura del toreo, se cansó de los toros, se retiró y se dedicó a otras actividades, como su presidencia bética o su papel como mecenas de lo que luego se conocería como generación del 27, algunos de cuyos miembros eran verdaderos aficionados a la tauromaquia y expertos taurinos. La primera vez que se reunieron sus componentes (Federico García Lorca, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Luis Cernuda...), encuentro celebrado en 1927 y que dio nombre a la generación, fue por iniciativa de Sánchez Mejías conmemorando el 300 aniversario de la muerte de Góngora.
En 1934 decidió reaparecer en las plazas a la vez que Juan Belmonte. Sustituyó a Domingo Ortega en Manzanares (Ciudad Real), el 11 de agosto. Granadino, pequeño, manso y astifino le dio una gran cornada en el muslo derecho al iniciar la faena de muleta sentado en el estribo, uno de los arriesgados lances que practicaba a menudo. No permitió que lo operaran en la modesta enfermería de Manzanares, donde el médico local Fidel Cascón Arroyo se ofreció para intervenirlo, y pidió volver a Madrid, pero la ambulancia tardó varias horas en llegar. A los dos días se declaró la gangrena. Murió en la mañana del día 13 de agosto. El mito dice que buscó la muerte:
Sánchez Mejías, cansado de vivir y de ver mundo, reapareció para morir en las astas de un toro. No concebía otro tipo de muerte, y tuvo la que él quiso.
Domingo Delgado de la Cámara, Revisión del toreo, 2002, pág. 255.
Su faceta como intelectual y el enorme aprecio que los escritores del 27 le dispensaron hizo que su repercusión en la historia del toreo sea muy superior que su significado estricto como matador de toros:
Sánchez Mejías no era un artista. Tampoco un torero inteligente. Los alardes de valor eran la expresión de su tauromaquia. [...] Su figura excedió el ámbito taurino para ser uno de los grandes personajes del ámbito cultural de la España de anteguerra.
Domingo Delgado de la Cámara, Revisión del toreo, 2002, pág. 255.

La tauromaquia de Goya:El Cid Campeador lanceando otro toro

File:El Cid Campeador lanceando otro toro (Tauromaquia - Goya).jpg

Goya:El Cid Campeador lanceando otro toro


La tauromaquia es una serie de 33 grabados del pintor español Francisco de Goya, publicada en 1816. A la serie hay que añadir otras 11 estampas, llamadas inéditas por no incluirse en aquella primera edición a causa de pequeños defectos, aunque son igualmente conocidas.
La idea de Goya de dedicar una serie a la tauromaquia se remonta a principios del siglo, y fue elaborándola con lentitud, sin un plan demasiado concreto, probablemente interrumpido por la guerra. La intención inicial de Goya fue, según diversos autores, la de ilustrar algunos pasajes de la Carta histórica sobre el origen y progreso de las corridas de toros en España (1777), que Nicolás Fernández de Moratín dedicó a Ramón Pignatelli. Goya sobrepasó su idea inicial y completó la serie con hechos y recuerdos personales taurinos no aludidos en la obra de Moratín, como algunos lances famosos de corridas profesionales.

martes, 6 de septiembre de 2011

México, entre toreros y rancheras



Antonio Burgos, El Mundo de Andalucía, sábado 27 de septiembre de 1997


México era una película de Jorge Negrete, una canción de Irma Vila, Jalisco no te rajes, Guadalajara en un llano, ya se secó el arbolito donde vivía el pavo real, y ahora dormirá en el suelo como cualquier animal. México eran aquellos calzones como los que usa el ranchero, que los comienza de lana y los termina de cuero, allá en el rancho grande de México, allá donde vivía Jorge Negrete, e Irma Vila, y Carlos Arruza. México era el coche de Carlos Arruza, los recuerdos de la letra de popurrí carnavalesco que le habían puesto al pasodoble cordobés:
Manolete, Manolete,
si no sabes toreá
pá qué te metes...
Manolete, y Arruza...
El toro había matado a Manolete y nos quedaba aquel Arruza que estaba siempre dándole un abrazo, al pie de un avión DC-3 como el del aeropuerto de "Casablanca", en la fotografía que tenían enmarcada en el despacho de La Teatral. Arruza era México. Un México con el que siempre estaba en perri el convenio taurino. Una temporada había convenio, y a la otra no la había. Un año venían los mexicanos y al año siguiente no podían venir. Y como todo era tan lejos, y éramos tan niños, todo nos parecía allá en el rancho grande, allá donde Manolete había dicho que si no ponían la bandera de España, él no toreaba. Cuando, con el "Dígame" o "El Ruedo" en la mano mi padre me decía que este año no venían los toreros mexicanos, yo me creía que era por aquello de la bandera de España que no habían querido poner, pero que tuvieron que ponerla, porque, si no, Manolete no hacía el paseíllo.
Claro que ahora que lo evoco, Arruza era más de aquí que de allí. Hasta había por Heliópolis un equipo de fútbol modesto, que llevaba Viola, el maestro de obras que hizo el mostrador de azulejitos de Casa Calvillo, con su nombre: Club Deportivo Arruza. Arruza era como español, aunque pareciera un americano rico con aquel cochazo. Luego sabríamos que era medio pariente de León Felipe, pero eso sería más adelante, cuando supimos que México era el país del presidente Cárdenas donde llegaron los exiliados españoles, donde los lentos ojos de Luis Cernuda quizá vieron otro Sur, donde fundaron aquel Fondo de Cultura Económica que nos traía la primera edición de "La realidad y el deseo", los manuales que recomendaban en clase de Historia del Arte, de Historia de la Filosofía, de todas aquella historias de que la mejor cultura española estaba entre los españoles del éxodo y del llanto.
Y como Arruza era medio de aquí, pues muchos mexicanos llegaron en la estela de su crucero transatlántico. Vino Silvetti, vino El Calesero, vino El Soldado. Y vino Joselito Huerta. A Joselito Huerta lo llevaba Alberto Alonso Belmonte, y no sé cómo recaló por la sastrería de mi padre para hacerse unos trajes y para volver todas las tardes, de charlita de tertulia. Fue la primera imagen cercana de un torero que pude tener. Fue el torero en que puso sus complacencias de taurino mi padre, que había sido medio apoderado de Joselito de la Calzada y que luego se gastó unos dineros en sacar a Antonio Codeseda. Llegaba por la tardes Joselito Huerta, y para mí es como si entrara por las puertas Jorge Negrete hablando como el Cantinflas de las películas del cine Florida:
--- Buenas tardes, maeeestro...
Y en el "maeeestro" hacía la inconfundible caída melódica de los manitos. Y era alto y cetrino, erguido como una pirámide azteca. Todos aquellos toreros mexicanos tenían algo de moctezumas que venían a hacer el viaje de Hernán Cortés a contraflecha y en contramano, a conquistas a los conquistadores. A mí por lo menos me conquistó aquel azteca Joselito, con valor, con un sentido campero de la filosofía taurina. Lo vi de novillero tantas tardes, en Sevilla, en Jerez, con Mondeño, con Ruperto de los Reyes, con Corbacho... Una noche fuimos a verlo a la clínica Virgen de los Reyes, donde el doctor Leal Castaño lo curaba de un cornalón que un toro le había pegado por ahí. Estaba desnudo sobre la cama, liado en vendas, con aquella calor de zócalos de azulejos de las clínicas antiguas, y cuando mi padre dijo la habitual frase con que se lamentan las cornadas, como un príncipe azteca, sin darle la menor importancia, sentenció con su acento manito del rancho grande aquella frase que no se me olvidará y que he incluso he convertido en aguja de marear adversidades:
--- Pues ya ve usted maeeeestro. El que anda con el aceite se mancha con el aceite, y al que anda con el jabón se le cae el jabón...
Y la cornada estaba allí, tras aquellas vendas del viejo olor a cloroformo y a almidón de las tocas de las monjas. Algunas tardes Huerta venía a la sastrería con su paisano Silvetti, alto, con unos deslumbrantes pasadores de oro en la camisa de seda, y a mí me parecía más un artista de cine que un torero de México. Y vivimos como nuestras las vísperas de su alternativa, una feria de San Miguel, que se la daba Antonio Bienvenida. Joselito Huerta se vestía en el Hotel Bristol de la calle San Eloy, y allá, donde tantas novilladas fuimos a saludarlo, acudimos aquella tarde septembrina, junto a la trianera guayabera blanca de Alberto Alonso Belmonte. Recuerdo que Antonio Bienvenida iba de rosa y oro y que estuvo genial en aquella su forma, tan sevillana, de gallear con la muleta por la cara de los toros. Y recuerdo que Joselito Huerta estaba más mágicamente azteca que nunca, más cetrino, en aquella fotografía dedicada de la alternativa, que mucho antes del día de la Virgen del Pilar ya tenía mi padre colgada frente a los tres espejos del probador. Para ponerla hasta quitó el cuadro de la Virgen de las Lágrimas de Santa Catalina.

sábado, 3 de septiembre de 2011

MALETILLA


MALETILLA
¡Torero en flor, maletilla!
Un capote para el hambre
y el sudor de cada día,
y los bolsillos del miedo
llenitos de valentía.
¡Y fantasía!
Ya desfilan por el ruedo
tus sueños y tu cuadrilla.
¿El toro? ¿Qué importa el toro?
Lo que importa es cómo brilla
tu traje al sol, ¡chorro de oro!
maletilla.
Un aire de pan caliente,
un torito candeal
cruza rumorosamente
mugiendo por el trigal
¿Para cuándo, maletilla,
tu capote de percal?
¡Ay, si supiera la gente,
maletilla,
cuánto capotazo al hambre
por un par de zapatillas..!
¡Ay, si la gente supiera
lo que cuesta una montera,
maletilla!
MANUEL BENITEZ CARRASCO


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