¡¡V I V A  E S P A Ñ A  Y  S U  F I E S T A  N A C I O N A L !!
« »

domingo, 31 de julio de 2011

Los Tauromaquia en la música: Ópera Carmen


www.operamania.com


Si hay una ópera en el mundo que goza de fama universal, esa es "Carmen". Basada en una novela de Prosper Merimée, llevó a la fama a Georges Bizet , un joven compositor ganador de muchos premios, pero que apenas llegó a disfrutar de ese éxito que le llevó a la fama internacional, debido a su muerte tres meses después del estreno, aumentando así ese mito del compositor que fallece sin saber del tremendo éxito de la ópera (u obra) que le llevase al "estrellato".

El estreno se produjo en la Ópera Cómica de París a principios de marzo de 1.875 y no tuvo una gran acogida. Tres meses después fallecía, a los 36 años, el compositor cuyo único "éxito" hasta ese momento fue "Les pêcheurs de perles".

La ópera se puede representar mediante una combinación de diálogos y fragmentos musicales o todo musicado gracias a la labor de E. Guiraud que reemplazó los diálogos por recitativos para el estreno de Carmen en Viena

La ópera se inicia con el preludio, uno de los más conocidos por su gran popularidad alcanzada

Acto I

Los soldados observan de forma curiosa a la gente que va pasando por la plaza mientras que esperan el próximo cambio de guardia. Llega Micaela buscando a Don José a lo que Moralès y el resto de soldados le indican que no está en la compañía pero que llegará en el siguiente turno para, después, pedirle que espere junto a ellos a lo que ella responde que volverá cuando se produzca el cambio ("Je reviendrai quand la garde montante va remplacer la garde descendant"). Se produce el cambio de guardia mientras que, en escena, se observa a todos los niños imitando el cambio con gran interés. Cuando la nueva guardia está incorporada, Moralès, antes de partir, le dice a Don José que una joven preguntaba por él y, tras describirla, Don Jose sabe que es Micaela, la joven huérfana que su madre acogió.

Tras la salida de las mujeres que trabajan en la fábrica de tabacos, al lado del cuartel del regimiento, se produce el "fatal " encuentro entre Don José y Carmen, una joven gitana que tenía a todos detrás de ella. La habanera "L'amour est un oiseau rebelle" es un canto de amor rebelde y que queda resumido, casi leit-motiv de toda la ópera, en ese célebre " Si tu ne m'aimes pas, je t'aime;si je t'aime, prends garde a toi" (si no me quieres, te quiero; si te quiero, ten cuidado de ti mismo). Don José "pasa" del revuelo causado por la joven; ésta se acerca a su mesa y le lanza una flor a él, sólo es el inicio del embrujo que lo llevará "por el camino de la desventura".

Una vez entradas todas las mujeres en la fabrica tras finalizar el descanso, Don José se queda solo hasta que llega Micaela e inician un dúo lleno de cariño que llega a la culminación con ese "Ma mère,je la vois" ...."o souvenirs d'autrefoi" ("Mi madre, yo la veo...O recuerdos de otros tiempos"). De Carmen se suelen citar varios fragmentos que han alcanzado gran popularidad pero éste dúo es bastante bonito para aquél que se inicie en este mundo de la ópera. Cuando Micaela sale de la plaza y se queda Don José solo, se produce un gran alboroto en la fábrica de tabaco y salen todas las cigarreras de la fábrica; un grupo echa la culpa a Manuelita y el otro ,¡como no!, a Carmen. Una vez resuelto el alboroto, el teniente Zuniga pregunta a Don José sobre los hechos qué han ocurrido a lo que éste indica que se produjo una pelea y una chica apareció con una x señalizada en la cara, a la vez, que culpa a Carmen a lo que esta se defiende de forma burlona (Tra la la la....). Zuniga decide que la joven gitana va a ir al calabozo y le pide a Don José para que la lleve al calabozo. Mientras que espera a recibir la orden deja solo a al brigadier junto a Carmen. La gitana trata de seducirlo ("Près de remparts de Seville"..."Cerca de las murallas de Sevilla") y él, en principio se niega...para después aceptar. Es el comienzo del fin de Don José: deja escapar a la joven gitana y acaba siendo encarcelado y degradado.

ACTO II

Ha pasado ya un mes desde lo acontecido en el acto I y vemos a Carmen en la taberna de Lillas Pastia disfrutando especialmente en esa noche junto a amigos puesto que esa noche es la del reencuentro con Don José. Con la llegada de Escamillo, un torero triunfador, se produce un "flechazo" mientras que él canta ese célebre "Votre toast" y su más popular "toréador en garde". Cuando termina de cantar esto último le pregunta a Carmen si la puede amar a lo que ella dice que sí pero que no sería respondido.

Una vez que han marchado los últimos invitados a la taberna, aparecen Le Dancaire y Le Remendado, dos contrabandistas, que le proponen a Carmen, Mercedes y Frasquita que colaboren con ellos ("Quand il s'agit de tromperie"...."Cuando se trata de embrollos") en un quinteto elaborado. Carmen, por su parte, decide no salir de viaje ya que, por esta vez, el amor debe estar por delante del deber. Al final acuerdan que se una al día siguiente a la banda y la tratan de convencer para que su amado se una a ellos a lo que ella se niega.

Aparece Don José (Halte là!Qui va là! ,Dragons d'Alcala) y empieza una conversación entre ellos en los que Don José empieza a dar muestras de esos celos que son preámbulo de lo que sucederá en todo el tercer acto. Cuando ella está bailando para él se empieza a oír una retreta a lo lejos que es atendida por Don José que quiere partir para unirse al grupo (recuerdo que había sido degradado y no era cuestión de seguir incumpliendo), lo que provoca un monumental enfado en la joven gitana. Ella apela ,entonces, a que él no la quiere y Don José, dolido por la aseveración, le obliga a oír sus sentimientos ("La fleur que tu m'avais jetée"... "la flor que me tiraste"- ) pero ella sigue sin creerle y le insinúa que si él le amase de verdad la acompañaría allá donde fuera . Don José no está dispuesto a desertar y , cuando ya se despiden definitivamente, aparece Zuniga y ambos se enfrentan hasta que aparece el grupo de contrabandistas para separarlos. Cerradas las puertas de su regimiento, se queda junto a los contrabandistas y con Carmen ("comme c'est beau la vie errante"...) en un final exultante sobre la libertad.

Acto III (primer cuadro)

La banda de contrabandistas llega a una montaña y se quedan descansando y dialogando. En un plano se encuentran Carmen, Mercedes y Frasquita tratando de ver su futuro en las cartas ("Mêlons,coupons) en un interesante trío. Mientras las dos ven un futuro feliz, Carmen sólo ve la muerte ("Carreau,pique,...La mort!..." Diamantes,picas,...la muerte), un presentimiento muy claro de su futuro.

Marchan todos los contrabandistas dejando a Don José solo con las mercancías. Con la montaña vacía de contrabandistas, aparece Micaela para hablar con Don José pues sabe de que está en ese lugar...en un principio sólo tiene miedo ("Je dis que rien ne m'epouvante"...."Digo que nada me asusta") a la vez que pide valor al Señor ("vous me protégerez, Seigneur") ante este lugar salvaje...ante la mujer que ha destruido a su amado. Al fondo, ve a una persona que dispara y se aleja con gritos desesperados ("j'ai peur,j'ai peur..."tengo miedo). Aparece Escamillo y, tras él, a Don José. En el transcurso de la conversación, Don José averigua que Escamillo está en ese sitio para ver a su amada...Carmen, lo que despierta los celos del desesperado José en un dúo desgarrador entre los dos rivales en el amor de la gitana. Cuando Don José está a punto de matar al torero, aparece Carmen con el resto de contrabandistas evitando que el hecho se produzca. Escamillo se lo agradece a los contrabandistas y les invita a verlo torear y ,ya de paso, reta a Don José para pelear ,de nuevo, por ella. Ya están a punto de marchar de la montaña cuando Le Remendado se da cuenta de que hay una mujer observándoles...era Micaela que aún no había marchado. Mientras Micaela trata de convencer a Don José para que la siga, Carmen le insiste en que debe abandonar este trabajo porque no va con él. Don José, que ve en esta "sugerencia" el hecho también de abandonarla a ella y dejarle la vía libre a Escamillo, no acepta la marcha hasta que Micaela le comenta que su madre está a punto de morir y no quiere hacerlo sin perdonarlo ( "Ta mère, helàs! Ta mère ...se meurt" ). Ambos parten, no sin antes Don José despedirse de Carmen con un terrorífico..."nos veremos".

Acto III (segundo cuadro)

En la escena se ve una plaza de toros y el ambiente de una corrida de toros ("A dos quartos!") en el que se encuentran Carmen, Mercedes, Frasquita hablando de la cercana presencia de Don José ya que no pudo ser arrestado por los hombres de Zuniga. En ese momento, se observa toda la parafernalia taurina a través de ese popular "Les voici, voici la quadrille!" cantado por el coro , melodía que se había escuchado durante el preludio de la ópera y que se recupera en este momento para disfrute visual del espectador en un teatro. Escamillo y Carmen aparecen en la plaza. Frasquita le recomienda que no permanezca en la plaza porque está cerca Don José pero ella no quiere evitarle . Llega el momento clave, el dúo final entre Don José y Carmen. Un dúo en dos partes donde Don José aparece en plan suplicante con intención de convencerla de que siga con él ("Ah, il est temps encore..." aún queda tiempo) a lo que ella se niega una y otra vez ("jamais Carmen ne cédera...libre est née et libre elle mourra!"...Carmen no cederá jamás, nació libre y libre morirá). Con la algarabía de la gente aplaudiendo al torero, Don José pasa al ataque pese a las constantes negativas de ella y se muestra agresivo. Carmen, indignada ante la actitud de Don José, le tira el anillo que un día le regaló y éste la apuñala ante los nuevos gritos de alegría procedentes del interior de la plaza (recomendaría que se escuchase la música en ese momento tan feliz del torero porque el tono ya es diferente, obviamente, más lúgubre). Al final, se observa a Don José con Carmen, muerta en el suelo, la gente saliendo de la plaza y encontrándose con el fatal cuadro mientras que el asesino clama angustiosamente ("Ma Carmen adorée!..." mi Carmen adorada)



jueves, 28 de julio de 2011

Luis Mazzantini




Luis Mazzantini Eguía (Elgóibar, Guipúzcoa, 10 de octubre de 1856 – †Madrid, 23 de abril de 1926) fue un célebre matador de toros español.
Hijo de un ingeniero italiano y de madre vasca, vivió y estudió en Italia durante su infancia y adolescencia, obteniendo el grado de bachiller en Artes. Regresó a España como secretario en el cortejo de Amadeo de Saboya. En busca de fama y dinero, decidió dedicarse al toreo a edad tardía y sin ser antes banderillero. Su formación cultural, inusual en los toreros de la época, le hizo ganarse el apodo de señorito loco. Tras un periodo de novillero, confirmó su alternativa en Madrid de manos de Lagartijo, el 29 de mayo de 1884.
Coincidió con el periodo de dominio absoluto del Rafael Guerra, Guerrita y también alternó con los míticos Lagartijo y Frascuelo, que se encontraban en la recta final de sus carreras. A Mazzantini, ya apodado don Luis, se le recuerda por su singular personalidad dentro y fuera de las plazas y técnicamente como un gran estoqueador. También son recordadas las anécdotas que sobre él contaba el Guerra, su antagonista en la plaza, y por haber logrado imponer el sorteo de los toros, ya que hasta entonces el principal matador (siempre Guerrita), con el beneplácito del ganadero, escogía las reses que deseaba torear, lo que perjudicaba a los demás matadores. También logró mejoras en los honorarios de los diestros. Mató casi 3000 toros y llegó a ganar seis mil pesetas por corrida en la última década del siglo XIX.
Fue muy popular en su época, vestía muy elegante y se codeaba con la alta sociedad. También tenía amigos artistas, frecuentaba la ópera y las tertulias literarias.
Se cortó la coleta al morir su esposa, en febrero de 1905. Una vez retirado de los ruedos, Mazzantini, de tendencia monárquica, se dedicó a una brillante carrera política. Fue concejal en el Ayuntamiento de Madrid, teniente de alcalde, miembro de la Diputación Provincial y gobernador civil de Guadalajara y de Ávila.


viernes, 22 de julio de 2011

TAUROMAGIA POR GUILLERMO SUREDA ( I )

Tomado de http://deltoroalinfinito.blogspot.com/

EL TOREO Y SU TÉCNICA

("Tauromagia"-1978.- Espasa Calpe.-)
--De Manolete a El Cordobés--

Guillermo Sureda Trata de todo lo que pueda tener cierta importancia para la causa del buen toreo. Este periodista mallorquín testigo excepcional de una época dorada del toreo, desde Manolete a El Cordobés, procura un análisis con la cabeza clara, el corazón caliente, con la mano generosa, como Unamuno quería que fueran tratadas todas la cosas de los hombres.
Su propósito no es de humilde talante, pero bastante más difícil es darle a un toro media docena de buenos muletazos, dice con arrogancia, y hay quien tiene el valor - y la templanza y el arte- de dárselos.

El teórico toro de la crítica no tiene por qué ser más peligroso que el toro real de la corrida.

Jean Cau, escritor francés que se hizo aficionado a los toros, ha dejado escrita una de las más bellas e inteligentes definiciones sobre la esencia última del aficionado: “Amar a los toros es, cada tarde, a eso de las cinco, creer en los Reyes Magos e ir a su encuentro”.
Guillermo se mueve, pues, en un mundo donde lo mágico tiene, por lo menos, tanta importancia como lo lógico. Incluso se reafirma en que lo mágico y lo lógico se casan cada tarde cuando los clarines lanzan sus afilados sonidos y cuando los toreros, con los pulsos alborotados por el miedo inevitable, inician el paseíllo.
Hay en la corrida un orden que la regula y la preside, que la ordena y tipifica, pero también hay como una corriente subterránea, todo un veneno mágico que la dignifica y embellece. No está sólo, no, Apolo en el ruedo, sino que también debe estar en él Dyonissos .
Si lo lógico y lo mágico no está presentes en una corrida de toros, en una faena de muleta, incluso en un mismo muletazo, la obra bien hecha se quiebra y se diluye, unas veces por los dudosos caminos del arte por el arte, otros por los fríos caminos de la técnica deshumanizada. Solo cuando la cabeza y el corazón, la inteligencia y el sentimiento se cruzan y se mezclan de un modo sólido, entrañable y radical, la corrida, la faena, y el pase tienen eso que podemos llamar “una suerte de eternidad”.



Convencido está Guillermo Sureda de que un aficionado es aquel que busca la perfección del toreo y espera encontrarla seis veces en cada corrida.


Se trata, pues, de un iluso, de un hombre que, como decía Jean Cau, cree en los Reyes Magos. Y se pregunta el analítico Sureda: ¿no es bonito esto? ¿no es bonito cada tarde a eso de las cinco, sentirse niño, saber que la plaza es una caja de sorpresas, pensar que el torero tiene, sobre su talante lógico, algo así como el don del prestímano? Por eso estima que se debe conservar, pura, intacta, decente, la corrida de toros.


Por eso, en su análisis, en su estudio, procura defenderla ante los abusos y los fraudes, contra las imposturas y los malos usos que tratan de envilecerla.



El docto y apasionado Guillermo Sureda alza su voz y quiere unirla a otras voces-voces que suelen clamar en el desierto, voces repartidas por toda la geografía española- que quieran seguir creyendo que mientras exista la arrogancia fiera de un toro auténtico y la gallardía indómita de un auténtico torero, la fiesta taurina seguirá siendo algo que vale la pena defender.


EL TOREO Y SU TÉCNICA (I)

SER TORERO, ESA LOCURA
¿ Qué extraña cosa es ser torero? ¿Se ha estudiado a fondo el fondo el fondo de esta insólita profesión? ¿Es segura la “normalidad” sicológica del hombre que decide ser torero, es decir, del hombre que decide hacer de su vida un espectáculo, poniéndola en juego cada tarde, -en una plaza- frente a la media luna de las astas? Por otra parte ¿se ha estudiado esta profesión desde un punto de vista sociológico?, puesto que el torero es, en un tanto por ciento muy elevado de veces, un ser influido notabilísimamente por eso que solemos llamar “nivel de vida”?.


Una mañana cualquiera, un chico cualquiera, a lo mejor hijo o nieto de torero, a lo mejor ni una cosa ni la otra, sin ninguna relación anterior con el mundo taurino, decide, en la recóndita intimidad de su alma, hacerse torero. Pero ¿Se toma la determinación de ser torero como quien toma la determinación de salir a la calle o de ir al cine? No, noe eso. Se trata de algo que va germinando lentamente, al principio casi subconscientemente, hasta que un día necesita aflorar a un primer plano. Por otra parte, toda vocación implica una determinación para elegir el camino, y si toda elección es dramática porque consiste, por de pronto en renunciar a otras posibles maneras de llenar la vida, es decir, de ser hombre, la de ser torero lo es todavía mucho más, precisamente porque trata de llenar la vida con una profesión que consiste en poner esa vida cada tarde en una situación límite.

Se han hecho distinciones fundamentales entre profesión y vocación. Según ellas, la vocación es algo ultraconcreto, como la persona vocada. En cambio, la profesión es una realidad que pertenece a la vida colectiva y que está, por consiguiente, genéricamente estereotipada. Las profesiones se pueden ejercer con vocación, pero también sin ella. La auténtica vocación, en cambio, no coincide casi nunca con la profesión preestablecida, es decir, con el repertorio de conductas que ella propone, sino que exige siempre de dicha profesión una interpretación más original. De ahí que cada “gran torero” aporte algo nuevo y original a su profesión.
(Foto: Manuel Benítez "El Cordobés" espontáneo en Las Ventas)
Y es vocación de ser torero es, por de pronto una locura. Una locura por cuanto significa poner la vida en constante peligro, y una locura por cuanto quien la siente, siente que se está volviendo loco por ser torero.
He hablado con hombres que han sido figuras del toreo, con otros que han sido modestos toreros y con otros que no han llegado ni siquiera a eso, y todos, todos, todos, a la hora de la verdad, a esa hora de confidencia sincera y terminante, me han dicho lo mismo: la vocación de torero es como una llama poderosa que nos prende, nos envuelve, y no nos deja ya nunca quietos.
También todos, absolutamente todos, coinciden en lo mismo: si nacieran mil veces, mil veces querían nuevamente ser toreros.
¿Qué ingredientes se combinan en esa vocación para hacerla irresistible a los ojos de quien la tiene, e incluso de muchos que no la tienen? Son varios, unos de tipo idealista y otros de índole materialista. Por de pronto, estos –aunque, claro está, no siempre, ni mucho menos, coincidan-:
a) necesidad de salir de un estrato social nada agradable;
b) la satisfación de ser eso que se llama “un triunfador”;
c) la necesidad de henchir una vanidad poderosa;
d) el impulso de una rebeldía interior contra unas estructuras socioeconómicas a todas luces injustas;
e) el deseo de ser un vengador social y de codearse con quienes le han ignorado antes de ser torero e incluso, en ocasiones, humillado;
f) el puro, escueto, y limpio placer de torear;
g) el apetito de ovaciones, triunfos y popularidad;
h) el brillo del dinero, ganado “a lo loco” y prontamente;
i) la emoción indescriptible que lleva implícito el hecho de “o pasarse el toro por la faja”, etcétera.
Foto: El Cordobés "toreando" a las almohadillas de Pamplona)
Por todo eso, algunos dicen que ser torero triunfador es una alucinante aventura que le convierte a uno de rebelde con causa a un reaccionario sin ella……….

La corrida Landesa



Todo surgió alrededor de los Pirineos. Tres variedades de toreo a cuerpo limpio e incruento: la corrida vasco-landesa; los recortadores del Ebro y la llamada corrida de Camarga. Dos de ellas, la vasco-landesa y el concurso de recortadores, son ya un espectáculo de folclor taurino que no falta a su cita por San Fermín. La corrida vasco-landesa, extendida por el país vasco-francés y la Gascuña, se remonta a siglos atrás en los que la autoridad diocesana describió, para prohibirla, esta tauromaquia popular a pie diferenciándola de la corrida española que se ejecutaba entonces con caballos y perros. Aunque al principio se ejecutaban las suertes con ganado autóctono de Aquitania, cuyos últimos ejemplares se comió el ejército nazi durante la ocupación, a partir de 1852 importaron ganado bravo de casta navarra. En la historia de las corridas vasco-landesas hay un Dios: Paul Daverat, el rey de los écarteurs (recortadores). Con él se pusieron de moda en Bayona en pleno siglo XIX las corridas mixtas hispano-landesas, hoy ya desaparecidas. Daverat daba saltos increíbles con ambos pies introducidos dentro de una txapela. El 16 de agosto de 1878 en San Sebastián, la presidencia de una corrida en la que alternó con Salvador Sánchez Frascuelo y Rafael Molina Lagartijo, le concedió una oreja por su arte, la única dada nunca a un participante de esta tauromaquia. Los entendidos dicen, sin embargo, que Michel Agruna, el jefe de la cuadrilla que ayer actuó en Pamplona, le supera. Su salto del ángel lanzándose en plancha por encima de la res con los brazos extendidos, es de vértigo. La corrida vasco-landesa tiene su propio ritual. Hay dos paseíllos, uno al inicio y otro al final. Los recortadores visten el bolero y los saltadores van de blanco con fajas de color. En la corrida hay una tercera categoría: los dobladores o peones de brega que, también a cuerpo limpio, ponen a las reses en suerte. La diferencia primordial de la corrida vasco-landesa respecto al concurso de recortadores, mucho más frecuente en todo el valle del Ebro, País Valenciano, Madrid o Valladolid, es que en la primera se espera quieto la embestida, que se elude con requiebros. Los recortadores del Ebro, por el contrario, describen el llamado cuarteo o semicírculo para anillar a la res. En la corrida libre de Camarga, los razeteurs tienen que quitar con un gancho el premio colocado entre las astas. El público de Pamplona aplaudió ayer los quiebros, giros, saltos y suertes de Denis Coll, Sylvain Macia, Christophe Dussau o Felipe Descazaux, entre otros. Hoy podrá conocer a los campeones del concurso de recortadores, entre 10 parejas.

martes, 19 de julio de 2011

viernes, 15 de julio de 2011

Gerardo Diego: Versos dedicados a Manolo Bienvenida



Ya retumba y resuena
la hueca palma y el vivaz jaleo,
cuando de pronto surge el centelleo
de un dios chaval pisando la arena...
Allá va el robinsón de las Españas,
raptor de ninfas, vengador de Europas,
sin más armas ni ropas
que un leve hatillo, incólume del río.


jueves, 14 de julio de 2011

Hemingway y Pamplona



Ernest Hemingway (1899-1961) llegó por primera vez a Pamplona, procedente de París, el 6 de julio 1923, recién iniciadas las fiestas de San Fermín. El ambiente de la ciudad y, en particular, el juego gratuito del hombre con el toro y con la muerte le impactaron tanto que la eligió como escenario de su primera novela de éxito "The Sun Also Rises" (Fiesta), publicada tres años después. El estadounidense regresaría a los Sanfermines en ocho ocasiones más, la última en 1959, cinco años después de obtener el premio Nobel de Literatura y dos años antes de poner fin a su vida en Ketchum (Idaho), precisamente en vísperas de San Fermín.
El gran escritor americano fue un heraldo universal de las fiestas de Pamplona. Su contribución fue decisiva para que unos festejos domésticos, apenas conocidos fuera de España, se convirtiesen en una de las citas festivas más famosas del mundo y centro de atracción desde entonces de miles y miles de turistas extranjeros, muchos de ellos seducidos por la pluma del autor de Fiesta.
Todavía se conservan abiertos muchos de los establecimientos que frecuentó Hemingway en sus diferentes visitas a la capital navarra. Así el bar Txoko, el Hotel La Perla y el café Iruña, todos en la céntrica Plaza del Castillo y el Hotel Yoldi, taurino por excelencia. Otros puntos del itinerario hemingwayano como el Hotel Quintana, el café Suizo o Casa Marceliano, por el contrario, ya han desaparecido.
La presencia del novelista en los Sanfermines fue casi una constante durante aquellos años. No faltó en 1923, 1924, 1925, 1926, 1927, 1929 y 1931. Tras el paréntesis de la Guerra Civil Española, en la que participó activamente a favor de la República Española, y de la II Guerra Mundial, regresaría en dos nuevas ocasiones, 1953 y 1959. Si algo puede afirmarse del paso de Hemingway por Pamplona es que su actitud nunca fue la del espectador distante; el insigne autor vivió profundamente la fiesta, se sumergió en ella hasta el fondo, como correspondía a su temperamento apasionado e intensamente vital.
El representante de la llamada generación perdida, corrió delante de los toros, entabló amistad con toreros -como Antonio Ordóñez- y paisanos -como Juanito Quintana-, comió, bebió y vivió con los pamploneses y experimentó con ellos la alegría, el calor y la euforia propias de los Sanfermines... Pero también se dejó impactar por la tragedia: fue testigo presencial de la primera cogida mortal conocida de un mozo en el encierro, el joven de 22 años Esteban Domeño, en 1924. Hemingway recogería el dramático episodio en Fiesta. También su novela Muerte en la tarde (1932) está ambientada en el mundo de los toros.
El Ayuntamiento de Pamplona tributó un homenaje a Ernest Hemingway el 6 de julio de 1968, con la inauguración de un monumento en el paseo que lleva su nombre, junto a la Plaza de Toros, acto al que asistió su última esposa, Mary Welsh. El monumento, obra de Luis Sanguino, lleva en su base la siguiente dedicatoria: A Ernest Hemingway, Premio Nobel de Literatura, amigo de este pueblo y admirador de sus fiestas, que supo descubrir y propagar. La Ciudad de Pamplona, San Fermín, 1968.
Muchos otros famosos han seguido la estela de Hemingway desde América hasta Pamplona: entre otros, el director de cine Orson Welles, la actriz Ava Gardner, Margeaux Hemingway, nieta del escritor y, más recientemente, el dramaturgo Arthur Miller, la fotógrafa Inge Morat y el Nobel de Literatura antillano Derek Walcott.

Portugal y la fiesta de los toros




Las "touradas" llenan los carteles festivos de pueblos y ciudades. El toreo a caballo y la "pega" consiguen atraer a numerosos visitantes y aficionados.
Según la historia de la tauromaquia portuguesa, las fiestas de los toros de este país se remontan a la Edad Media, aunque hay quien afirma que apareció en la época del Felipe II ( Felipe I de Portugal con la unión de las dos naciones ibéricas de 1580 a 1640). Hay innumerables relatos y crónicas referentes a esta fiesta popular y todos coinciden en que la plaza más antigua es la de Abiúl (Pombal-Alentejo), que data de 1561.
Si en España predomina el toreo a pie y la suerte de matar, en Portugal dominan el toreo a caballo y la “pega”, en ambos casos con la salida del toro vivo de la plaza. La muerte del toro en la arena está prohibida desde 1836, por orden de la reina Doña Maria II. Hasta esta fecha era un espectáculo, con la muerte del animal incluida tal como gustaban los burgueses. Treinta años después la fiesta se hace más popular, aparecen los diestros profesionales, se construyen y renuevan las grandes plazas nacionales, aunque algunos aficionados y diestros añoran la muerte del toro.
Lo más atractivo de la corrida portuguesa es el espectáculo de los “cavaleiros” (jinetes) y sus famosos caballos lusitanos que engañan el toro y hacen giros de especial belleza. Estos “cavaleiros” actúan también, con notable éxito en numerosas plazas españolas y del sur de Francia. Por otro lado destacan las actuaciones de los “forcados”,que, en fila esperan la arrancada del toro cara a cara.

Otros tiempos...

miércoles, 13 de julio de 2011

Gutiérrez Solana: El Lechuga y su cuadrilla



Isidoro Cosío "el Lechuga", natural de Carmona(Cabuérniga),era un gran aficionado a la fiesta.Aseguran que se conocía al dedillo la Tauromaquiade Montes y hasta se da por muy cierto que su mujer hacía de toro en los ensayos de toreo de salón de su marido.Si Gutiérrez-Solana no lo hubiera hecho famoso su retrato, habría sido conocido igualmente por un detalle sumamente curioso: Se decía que cuando su mujer no podía servirle de toro improvisado, utilizaba a Cosío, un gato amaestrado-cosa bien rara-que entraba perfectamente al engaño

Al fin , un buen día, "Le Comptoir" preparó una novillada el 1 de Octubre de 1911 y le dio la oportunidad de presentarse al público de Santader.
Su mujer , con gran paciencia y cariño, le confeccionó un traje de luces de un color verde rabioso.Posiblemente el color chillón de su traje le valió de sobrenombre.

Obtenido del enlace »  página Fotolog de hanstein_1
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...